Corría el día 3 de Junio y me encontraba vagando por las calles de Sydney. Mi destino estaba marcado: ¿dónde? En Cairns, extremo nor-este de este gigantesco país. ¿cuándo? El 18 de Junio, fecha en la que debía presentarme en la isla ante las personas que me contrataron. ¿El problema? 3000km de distancia y 11 días al pedo. ¿La solución? Y…como siempre, el universo proveerá…y proveyó!
Las primeras dos noches me fui a visitar unos amigos de Mardel que (casualmente) viven en Manly. Manly resulta ser un suburbio muy bonito ubicado a escasos 25 minutos en ferry de la gran capital. Tiene una relativamente amplia playa en forma de paréntesis, edificios no más altos de 4 pisos (en su gran mayoría dedicados al turismo), un ancha peatonal llena de comercios de todo tipo y una hermosa costanera en la cual me sorprendió ver tanta gente todos los días de la semana haciendo toda clase de deportes: trote, caminata, vóley, surf, boxeo, yoga, etc. Tanto solos, en pareja, en grandes grupos como con el carrito y el bebe. En verano debe volverse desagradablemente concurrido, pero en esta época del año, si bien de noche hace mucho frio, durante las horas de mayor sol se puede ir a la playa y disfrutar como un día de primavera tardía en Mar del Plata.
Con los pibes la pase de diez, súper buena onda, pegaron un depto de puta madre en una colina, pegadita a la playa, con una hermosa vista panorámica de la costa y la ciudad (salado)! No me podían hacer el aguante por mucho tiempo porque a los dos días llegaban una pareja amiga de Mardel a vivir con ellos. Se lleno el gallinero y me fui a un hostel, al Manly Backpackers ($26 la noche, medio pelo mal peinado, pero buena onda), a solo una cuadra de la playa frecuentada por abundantes surfistas y a tres cuadras de la peatonal comercial. En principio seria solo por una noche al día siguiente me iría sacar un pasaje a Cairns y hacer tiempo allá. Pero…
Al día siguiente conseguí dos cosas: Un pasaje aéreo a muy buen precio ($170 y es temporada alta!) de Sydeny a Cairns, el inconveniente es que para pagar ese precio me veía obligado a quedarme haciendo tiempo en la capital (o en Manly) hasta el 15 de Junio, fecha del vuelo. Y fue saliendo del hostel cuando de casualidad vi a la recepcionista pegando un aviso en la cartelera: “se busca mochilero para trabajos varios en una casa - pago $20 la hora libre de impuestos - te paso a buscar y te dejo en el hostel – solo un día de trabajo – Preguntar por Rob – 04503126765”. Llamado de por medio ya tenía trabajo para el día siguiente. Con un día de laburo por lo menos me bancaba la semana al pedo en el hostel.
Rob resulto ser un fenómeno! El mejor jefe que tuve en mi vida! Es un tipo muy leído, de descendencia armenia, petiso, cincuentón, de sonrisa imborrable; dedicase a la construcción y a la edición de videos. Actualmente ha decidido tomarse un tiempo sin trabajar para dedicarse a remodelaciones en su casa (básicamente pintarla por fuera y colocar un piso de mármol italiano en el patio trasero, alrededor de la pileta). Para dichas tareas se busco una mano derecha, que vine a ser yo.
Me paso a buscar por el hostel a la hora indicada, y tras un viaje en el que demostró un agudo sentido del humor, llegamos a la casa y me dijo: ¿queres un café?. Yo decidí seguirle la joda y dije: si, pero me gusta suave y con mucha leche y si es posible algo para comer. De no creer, a los 5 minutos volvió de la cocina con un café suave, hecho con mucha leche y unas masitas que había preparado su esposa. Ese resulto ser el primero de muchos aperitivos a los que me invito cada una hora y media o dos horas de trabajo. A ellos se les sumarian abundantes y diversos almuerzos que siempre venían servidos con un “come tranquilo, tomate tu tiempo, no hay apuro”. E incluso una cena con toda la familia en la que fui el invitado de honor. Rob me enseño mucho de Australia, tuvimos extensas conversaciones de música, política, historia, arte y diferencias culturales entre nuestros países, mientras pintábamos tranquilamente las paredes de su hogar. También se hablo mucho de ecología y trabajo social, ya que está profundamente comprometido con ambas tareas.
La vida transcurrió tranquila, durante una semana en la que pude ahorrar casi 1000 dólares, con un trabajo relajado y distendido. Un solo día de la semana no pudimos trabajar porque lloviznaba. Ese día me conseguí por medio de la misma cartelera del hostel, un trabajo en el zoológico de Sydney. Era solo por un día y consistía en descargar de un camión fardos de pasto para los animales. Este si fue duro, pero también me pasaron a buscar, me trajeron, me dieron de comer abundante y me pagaron $25 la hora, libre de impuestos.
La fecha llegó. Me despedí de Rob y de los pibes. Pase mi último día en Manly sin trabajar. En la playa, jugando al vóley toda la tarde. Por la noche me fui a Sydney, donde camine por la calles, vi un show de fuegos artificiales, y fui a una “Fiesta Argentina” organizada por el grupo de facebook “Argentinos en Australia”, donde se tomo fernet, se bailo cumbiancha y se charlo mucho en español!
Cuando se viaja por el mundo sin demasiada planificación, uno se vuelve más vulnerable al factor sorpresa, a lo desconocido, a lo inesperado… Lo inesperado a veces esta bueno, y valla si fue inesperado con lo que me encontré en la casa de Mike, mi próximo host de couchsurfing…
Mike tiene cuarenta y monedas, vive solo en un barrio a unos 20km del centro de Cairns. Su casa, que dista 150 metros de la playa, es alojamiento gratuitito para un buen numero de backpackers (o couchsurfers) de cualquier sexo, edad y nacionalidad; en constante recambio.
Me fue a buscar al aeropuerto ni bien llegue a Cairns. Acompañado de los otros 5 backpackers que tenia al momento. Dejamos mi valija en la casa, me cambie los jeans y la campera por ropa más adecuada al clima tropical y nos llevo todo el día de excursión al “far north” (lejano norte), hasta donde llega la ruta. Mas allá, se extienden otros 800km de territorio Australiano escazamente poblados, solo accesibles en vehículos 4x4. En el recorrido fuimos parando en varias playas vírgenes y adentrándonos algunas veces en los rainforest (selva) en busca de algunos piletones de agua dulce, reflejando en su transparencia un puro color esmeralda, espejo del misterioso bosque que celosamente la rodea. Pero no fue sino hasta la vuelta que se dio la gran sorpresa…
Cuatro horas de manejo después, llegamos a la casa bastante tarde. Al entrar, note con asombro que todos comenzaban a sacarse la ropa, con total naturalidad. Habiendo notado mi reacción, uno se aventuro a arrojar un poco de luz sobre lo que para mí era un confuso episodio: “haaa seguro que no leíste todo el perfil de Mike antes de mandar la solicitud para couchsurfing! Dice bien clarito que su casa es un espacio nudista!”
Jugadisimo…
“A donde fueres haz lo que vieres” dice el dicho. Así que copiando la naturalidad de los demás, procedí a quedarme en bolas. Y en bolas se cocino, se comió y después cada uno a dormir a algún sillón de la casa.
En los días siguientes lidie con algunos trámites antes del día de mi llegada a la isla. Saque la tarjeta del banco, el tax file number (algo como el cuit de allá), e hice el curso de 3hs de servicio responsable de alcohol, requerimiento indispensable para cualquier trabajo en el que se sirvan bebidas alcohólicas. Les sorprendería ver cuántas reglas tiene este país, y como se cumplen!
Siempre me pasa cuando bajo de un avión, que no hay nadie esperándome. Y veo aquí y allá personas formalmente vestidas, sosteniendo carteles con nombre de otras personas. Personas importantes seguramente. Personas que están siendo esperadas por algún motivo. Llegaron a ese aeropuerto para HACER algo, son alguien y tienen un propósito. Y yo siempre paso de largo como un fantasma a ver si duermo en el aeropuerto o me voy a buscar un hostel de mala muerte por ahí. Pero en la Isla, este fantasma se volvería alguien!
Finalmente el esperado 18 de Junio llego. El día en que se realizaría mi presentación oficial en el resort, en la Green Island. Y ya en el pequeño puerto rodeado de veleros, una joven empleada, muy bien vestida, sostenía un cartel con mi nombre y apellido…casi se me pianta un lagrimon!
El viaje en ferry es un tanto largo (50 minutos), pero el paisaje es bellamente incansable, y se ofrece café con leche y galletitas varias de cortesía (“esto va a ser mi desayuno los próximos 3 meses” pensé para mis adentros).
En lo que respecta a la isla en sí, supero mis expectativas, que desgraciadamente eran altas (altas expectativas conducen en un 90% de los casos a grandes decepciones). Green Island, es una isla ubicada sobre la barrera de coral mas grane del mundo conocida como “great reef barrier” y nombrada patrimonio universal de la humanidad por la UNESCO. En la misma solo existe un resort 5 estrellas obviamente llamado “Green Island Resort” (mi nueva compañía). El mismo cuenta con 38 habitaciones que van de $350 p/noche la más barata a $750 p/noche la suit VIP. Toda el complejo es ECO FRIENDLY al extremo, cuidando al máximo el entorno por el cual lucra. Abundante vegetación de un intenso verde en el centro solo separada del mar turquesa puro que la rodea por una angosta franja de arena ámbar claro. El resort cuenta además con un restaurant, una pileta, pequeños kioscos de recuerdos y helado, un centro de buceo y un bar junto a la pileta que como sabrán es donde tendría que trabajar yo. Como a mi modesto entender ninguna descripción y/o foto le haría justicia a la isla quizás este video llene los huecos que las palabras no supieron llenar: http://www.youtube.com/watch?v=tdHIBOXeofQ
Mayor aun fue mi emoción cuando vi que Andrew, el manager del departamento de food and beberage, fue hasta el final del muelle a esperar nuestra llegada. Digo “nuestra” porque en ese instante me entere que junto con migo era la presentación de dos chicos y una chica mas. Nos recibió de muy buen agrado y nos condujo a una sala de reuniones.
Si me venía sintiendo apreciado y en un ambiente profesional, aun no había visto nada! La sala de reuniones era amplia, minimalistamente decorada, con una mesa rectangular en el centro, alrededor de la misma cuidadosamente colocadas 6 sillas. Jade, la manager de recursos humanos se encontraba ya sentada en una de ellas, Andrew se sentó a su derecha, y nos invito a sentarnos en las cuatro sillas restantes, frente a las cuales sobre la mesa había cuatro vasos con agua, cuatro lapiceras y cuatro carpetas, cada una con nuestros nombres y apellidos.
En una reunión que duro hora y media se nos explico nuestras obligaciones, responsabilidades y beneficios. Entre estos últimos destacan excursiones gratis ilimitadas a todas las atracciones de la Isla, incluyendo buceo (si, buceo que para la gilada sale como 200 mangos por dia) descuentos en todos lados y membrecía de acceso ilimitado para el Green Island Social Club. Un espacio en la isla dedicado solo a empleados del resort, con bar, cantina, living con sillones, LCD gigante, nintendo wi, play station, pool, pileta, etc. Además 9% de aportes jubilatorios a pagar el día que nos vallamos sumado a otro 9% en concepto de vacaciones pagas.
Particularmente a mí se me dijo que dos días a la semana voy a dormir en la isla. Estos días me proveen un cuarto, sabanas, toallas, baño privado, desayuno, almuerzo y cena.
Bueno, como verán promete ser una buena temporada. Veremos cómo se dan los factores ahorro, amigos, minas, lugar donde vivir, tiempo libre. Esto solo lo dirá la rutina, aunque dudo mucho que en esta vida exista tal cosa…
PD: disculpen tanta intromisión y aclaración de precios y costos, pero algunos seguidores del blog, son personas que están por venirse para acá y le interesa saber esos numero, para ir haciéndose una idea.
sábado, 21 de julio de 2012
martes, 3 de julio de 2012
No más fantasmas en esta Opera
Estoy sentado en un taburete, en algún aula de la
Universidad Nacional de Mar del Plata. Mis pupilas oscilan del dibujo que estoy
realizando al libro de Arquitectura Moderna del cual intento copiar mi dibujo.
Mis manos pendulan en arcos que intentan recrear las perfectas curvas de esos
fantásticos techos. Al pie de la imagen, en el libro, se lee: “Opera House,
Sydney, Australia”. Mi mente se ausenta por un instante en otros pensamientos:
¿Cómo será por dentro? ¿Cómo será estar parado al lado? ¿Cómo serán sus
proporciones, su espectacularidad? Y
sobre todo ¿cómo será la ciudad que la rodea? ¿Sus calles, sus gentes?. Mi
vista se pierde en el techo, entre la blanca luz de los fluorescentes y me digo
casi en un suspiro: quizás algún día…
Y ese día llegó. Tan solo algunos años después. Hoy me
encuentro recorriendo las calles de esta maravillosa ciudad. Donde gigantescos
rascacielos se elevan majestuosamente hasta las nubes. Abajo, en cambio,
caminamos las hormigas entre fachadas de edificios antiguos, de una
arquitectura exquisita, impecablemente conservados y respetados por la
avasallante modernidad. Shopping comerciales, cafés, restaurants son el
empapelado de estas calles por las cuales circula un abundante, pero ordenado
caudal de gente, con un claramente dominante porcentaje de asiáticos e indios,
que entre ambos debe ascender al 80 u 85 % de las personas que se ven en las
calles. Muy similar a lo que veíamos sorprendidos en la calles de Auckland, en
Nueva Zelanda, allá, poco más de un año atrás. Siguiendo con la estadística y
los porcentajes, diremos que de ese 20% de los locales, la mitad son mujeres. Y
de esas mujeres el 90% deben ser (o parecen) modelos; no hay ni una que no
tenga un armónico corte de cara, nariz respingada, linda boca y sobre todo dos
faroles gigantes por ojos.
Las mejores ubicaciones de la ciudad, con hermosas vistas a
la costa y el puerto donde circula un igualmente intenso flujo de veleros y
botes, han sido destinadas a espacios públicos. Grandes plazas y parques.
Majestuoso jardines con una variadísima flora, caen con leves pendientes hacia
el océano, y se ven atravesados por serpenteantes caminos donde turistas y
locales circulan en armonía. Pequeños kioscos, bebederos y fuentes de todo tipo
completan el maravilloso paisaje, que transmite paz, en medio de una generosamente
poblada metrópoli.
Una vez en el puerto, de cara al mar, se elevan majestuosos
el Rey y la Reina de este reino.
Él, el Sydney Harbour Bridge, un puente de hierro descomunal, casi agresivo, une como un
potente brazo de acero dos pedazos de firme tierra, desde donde lo ve todo, y
es visto por todos. A pocos metros, celosamente contemplada por él, se
encuentra ella, la Casa de la Opera, por siempre blanca, por siempre fresca, por siempre moderna, por
siempre bella. Entre ambos, el mar; de una limpieza y transparencia
destacables, considerando la ubicación a los pies de una gran ciudad, con todos
sus habitantes, todos sus turistas y todos sus barcos.
Mis actividades durante el fin de semana fueron típicamente
turísticas. El universo me bendijo con dos excepcionales días soleados, de
temperaturas muy agradables considerando la época del año. Recorrí las calles,
cruce el Sidney Harbour Bridge a pie, di una vuelta de 360° alrededor de la Casa
de la Opera y entre hasta donde se permitía entrar sin haber pagado, recorrí
Shoppings y centros comerciales, hice una excursión guiada por la casa del
gobernador (con todos los protocolos y las giladas de la realeza), asistí al
museo de Arte Contemporáneo de Sydney (bastante decepcionante para ser
sinceros), también el museo de arte de Sydney (donde es difícil decir que es
más bello e inspirador: si el edificio en si o las obras que se hallan dentro),
y finalmente vi una impactante muestra fotográfica en la Biblioteca Pública, de
las mejores fotos del 2012 publicadas por la National Geographic y las
ganadoras del premio Pulizer; todas en calidad super HD y colocadas en grandes
marcos de 1.5m por 2.5m aproximadamente. La nota de color estuvo dada por el
casual encuentro en la calle principal del centro de Sydney (George st), con la
cantante y actriz del momento Katy Perry, quien se hallaba asistiendo a la
premier de su nueva película. Pude verla a menos de un metro, no solo a ella
sino también a otros famoso invitados a la premier como Emma Watson (la pibita
de Harry Potter, que ya está bastante crecidita).
También fluctué de actividades más snob, como sentarme en la
terraza de un restaurant italiano bien careta ubicado en el muelle con vista a
la casa de la Opera, a almorzar una buena pizza de jamón crudo, rúcala y
parmesano; acompañado como no podía ser de otra manera con una birra italiana
Moretti. A actividades más de mochilero como frecuentar los pubs de ultima de
“$3 dólar drinks all day all week”. Comer como un rey, tomar como un mendigo…en
la facu solía ser al revés. Si bien me di una pequeñísima pincelada, aun no me
hallo en condiciones de juzgar la joda australiana con precisión…habrá que
esperar.
A todo esto se preguntaran: ¿donde dormía el pibe? ¿Por qué
no entablo relación con otros mochileros en el hostel? La respuesta es porque
esta vez quise experimentar algo diferente al hostel. Tranquilos, no fue el
Sheraton ni el Four Seasons. Conseguí donde alojarme gracias a couchsurfing
(surfeando sillones).
Para aquellos que no conocen, cauchsurfing.com, es un sitio
web, similar a una red social donde personas de todo el mundo ofrecen
voluntariamente sus hogares a viajeros en tránsito pidiendo nada a cambio; luego
de la misma manera que ellos han compartido sus hogares, podrán ser bien
recibidos por otros miembros de couchsurfing en todo el mundo. De mas esta
decir que la confianza, el respeto y la buena predisposición son los tres
pilares que soportan el sistema.
Como yo soy un pibe de confiar, respetuoso y siempre bien
predispuesto (ponele…) me hice una cuenta y a los pocos días conseguí una
persona que me aloje en Sydney.
Hamis Fejo es un australiano que se mudo a Sydney a estudiar
medicina, tiene 21 años y una personalidad tan insulsa que no merece mayor
descripción. Su departamento en cambio es un modesto dúplex de estudiante, con
una excelentísima ubicación en pleno centro de Sydney. Por un departamento como
este paga $380 dólares por semana. No por la calidad del mismo, sino por su
ubicación. El duerme en el piso de arriba y me ofreció un colchón inflable para
que durmiera en la planta baja. Sabanas limpias, toallas, una llave extra del
departamento para que pueda entrar y salir a mi gusto y rematado en un “agarra
lo que quieras de la alacena” convirtieron a Hamish en un buen anfitrión.
A pesar de haberme encontrado con una bellísima y amigable ciudad,
y un buen lugar donde parar; los fantasmas siempre rondan en la cabeza. Las
dudas. ¿Conseguiré trabajo? ¿Cómo será? ¿Dónde viviré? ¿En qué ciudad? ¿Sera en
una casa?...¿Estere feliz?. Los de afuera dirán: “pero ya has hecho varios
viajes, estas canchero con eso”. No, nunca se está “canchero” al llegar solo a
un lugar que no conoces, donde no estuviste nunca, tan lejano de donde naciste
y te criaste, con su clima, sus distancias, su cultura, su gente. En mayor o
menor medida, siempre es un desafío.
Es por esto que en un vago intento por disipar estos fantasmas,
desde Argentina dedique mucho tiempo y esfuerzo mandando curriculums online a
cuanta oferta laborarl apareciera: desde “se busca tester de preservativos con
modelos vivas” a “vacante para escolta de la reina en su visita a Australia”.
En un 90% de los casos no hubo respuesta, en un 9% recibí un endulzado “sos un fenómeno,
pero no quedaste”. Pero un día, para mi sorpresa , mientras caminaba las calles
de Sydney, recibí la llamada…
Era Sally, del Green Island Resort, ubicado en una mini isla
sobre la gran barrera de coral, a 40 minutos en ferri de la costa de Cairns, en
el extremo norte de Australia, allá muy cerca de Indonesia.
Me decía que había quedado pre seleccionado para la posición
de barman en el bar de la piscina del hotel. Quería saber si era un momento
oportuno para realizar la entrevista telefónica.
MI respuesta fue obvia.
Sally prosiguió contándome los detalles del trabajo: La isla
pertenece al Santuario Billabong, es muy pequeña y solo tiene un Resort con 40
habitaciones. Mi trabajo seria de 8:30 a 16:30 en la barra de la piscina, sirviendo
todo tipo de bebidas. Estaría trabajando un mínimo de 38hs semanales, con
posibilidades de estirarse a 55 si es una semana atareada. Al pago es de 18.5 dólares
la hora, se le suman estadía paga en una habitación de hotel, 3 comidas
diarias, excursiones de buceo pagas, y “gigantescos” descuentos en productos
Billabong. También menciono que había una vacante de mozo, para la cual se me
estaba considerando, con los mismos beneficios pero mayor sueldo y sin
alojamiento y comida.
Sally le dio pie a Andrew, manager del área de comidas y
bebidas, poniéndonos en teleconferencia junto con el Manager general de la
Isla. La entrevista duro casi 40 minutos
donde me preguntaron aspectos de mi personalidad, porque había elegido
Australia, el teléfono de los managers que había tenido en otros restaurants y
cafes, y finalmente si tenía mucha experiencia como barman haciendo tragos. En
lugar de decir: “NO, no tengo ni la más puta idea!” suavicé:
“…bueno, la verdad que el área donde me siento mas cómodo es
como mozo, lidiando con la gente, porque es donde más experiencia tengo. Sin
embargo, en muchas ocasiones en que el barman del restaurant ha estado muy
ocupado he preparado yo mismo algunos tragos. A esto se le suma ocasiones en
donde el barman del lugar a faltado al trabajo y me ha tocado reemplazarlo.
Generalmente solo como una medida de emergencia, pero bueno, es algo. Ha! Y… quizás
no sea muy importante, pero siempre que nos juntamos con mis amigos, me encanta
ser yo quien prepara los tragos para todos!”
A lo ultimo me la jugué con un chiste que fue bien recibido.
La entrevista fue satisfactoria y me dijeron que me
esperaban el 17 para comenzar a trabajar el 18. Ellos me proveerían el
uniforme, solo tenía que llevar zapatos.
Al día siguiente comencé a averiguar pasajes de avión, ya
que estamos hablando de distancia que van entre los 2500 a los 3000 y pico de
kilómetros.
La primer mala noticia es que mi llegada a Australia resulto
en plenas vacaciones de estudiantes, que tienen como destino predilecto para
sus vacaciones la zona nor-este del país, por lo que pasajes de cabotaje que
por lo general salen $160 dolares, están en $480.
La primer buena noticia es que para la semana que viene
estos pasajes vuelven a bajar.
La segunda mala noticia es que Hamish me puede hacer el
aguante con el hospedaje solo hasta el martes de esta semana.
La segunda buena noticia es que por una de esas extrañas
casualidades de la vida, en Manly (una península en frente a Sydney) vive Liky.
Liky es un amigo del gran músico y amigo mío Nelson Gesualdi con el que tuvimos
la oportunidad de compartir mas de una noche de jolgorio, allá en Mar del
Plata. El pibe, que es muy buena onda, resulta estar viviendo a un ferri de
distancia, y se ofreció de muy buen agrado a alojarme.
En estos días tendré que resolver si quedarme “haciendo
tiempo” aquí, o ya emprender viaje al Norte.
Como podrán ver esta aventura Australiana comenzó un poco
como era de esperarse: improvisando y emparchando, pero también conociendo,
explorando, aprendiendo y disfrutando. El llamado de Sally soplo los fantasmas
de mi mente, como la suave brisa marina sopla la arena blanca de las cálidas
costas de la Green Island. Este trabajo promete ser soñado, pero habrá que
esperar para comprobarlo. Con el trabajo vendrá el asentamiento y con el
asentamiento una de las cosas más linda de estos viajes que es conocer gente y
formar relaciones humanas nuevas.
domingo, 1 de julio de 2012
al mal tiempo...buena comida!
Atención pido al silencio
y silencio a la atención,
que voy en esta ocasión,
si me ayuda la memoria,
a mostrarles que a mi historia
le faltaba lo mejor.
Miércoles 27 de Junio del año 2012 de nuestro señor Jesucristo. El boieng 767 de la compañía Lan Chile yace inmóvil en las pistas del aeropuerto internacional de Ezeiza. Dentro del avión, poco más de un centenar de personas se preguntan por qué el vuelo programado para despegar a las 10:00am aun esta en tierra firme a las 11:30am, cuando la voz del capitán ligeramente distorsionada un tono más metálico por efecto del micrófono y los parlantes anuncia que el vuelo esta demorado, con posibilidades de no despegar. El motivo: la huelga sindical impulsada por el compañero Moyano. El piloto finaliza su discurso solicitando paciencia a la caldeada tripulación, mientras negocia (no se supo exactamente con quien) las posibilidades de despegue.
13:35hs se encienden las turbinas y despega un avión. Es el Boeing 777 que va de Santiago de Chile a Auckland. En el mismo hay por lo menos 19 asientos vacios, incluyendo uno asignado para quien escribe, que pero ese entonces se encontraba aun esperando los resultado de las negociaciones en Buenos Aires. Las mismas finalizarían positivamente a las 14:00hs, es decir: el vuelo despegaría con 4hs de retraso.
En la capital chilena la gran mayoría de los pasajeros se apresuro a la zona de aduanas para retirarse lo antes posible del aeropuerto. Mientras que a los 19 que habíamos perdido la conexión a Auckland se nos indico dirigirnos al mostrador de Lan, donde nos explicaron que nos pondrían en el próximo vuelo a la capital kiwi, que resulto ser el servicio de las 23:15hs. Unas 11hs nos separaban del horario de despegue…”sepan disculpar las molestias”
Se observaron reacciones varias del pintoresco grupo rezagado, ya que estaba integrado por varios diferentes y estereotipados al extremo personajes, entre los que destacaban una monja uruguaya, una turista australiana, un porteño (corte Darin en nueve reinas) que andaba de negocios, dos señoras mayores de capital de esas que podrían encontrarse tranquilamente en una manifestación de “indignados auto convocados” golpeando sus ollas Essen; pero que ahora se encontraban viajando a Sydney para visitar a sus hijos y nietos. Y por supuesto yo, pasivo observador de la situación, me limite solo a aceptar respetuosamente el voucher de comida que nos ofrecieron en disculpa por la espera y me fui a comer; mientras la gran mayoría se quedaba protestando y reclamando (inútilmente) una habitación de hotel, vouchers de internet, tarjetas de teléfono, mas comidas, etc, etc, etc.
Yo hice honor al viejo dicho: si tiene solución: ¿para qué preocuparse?, y si no tiene solución:¿para qué preocuparse?. Me busque el restaurant mas careta del aeropuerto y me pedí el plato más caro: Fillet de salmón rosado de 200g con salsa de camarones, acompañado de salteado de vegetales y hongos, y por supuesto un chop de cerveza chilena. Comí viendo el partido de la Eurocopa: España vs Portugal, en una pantalla gigante. Luego recorrí el aeropuerto, vi cosas que NO iba a comprar en el duty free, me puse todos los perfumes que pude, me conecte a internet y me vi la primer final de la Copa Libertadores (¿Qué paso bostero?), en la misma pantalla que había visto la Eurocopa.
Si a las pocas horas de sueño que venía acumulando, le sumamos las comidas, la cena del avión, el hecho que era casi media noche y que mi nuevo asiento era el primero de la fila (grandes posibilidades de estirar las piernas), dormí prácticamente todo el tirón de 14hs hasta Auckland. Al llegar se nos indico a los mismos 19 que nos apresuremos a la compuerta 5 ya que en 15 minutos saldríamos para Sydney en el vuelo de las 5:30am.
En la compuerta 5 los 19 resagados nos encontramos con el resto de los pasajeros del vuelo que salía a Sydney a las 5:30, la mayoría Neozelandeses, escuchando atentamente mientras les informaban que el vuelo se había “cancelado por problemas técnicos”. Los mismos estaban siendo reubicados en los siguientes vuelos a Sydney: 8:00am, 9:30am, 11:00 y 13:30. Cuando terminaron de reubicarlos no quedo mas lugar para los 19 recién llegados de Chile y se nos explico que el próximo vuelo en el que podían ubicarnos era en el de las 16:00. Unas 11hs nos separaban del horario de despegue…”sepan disculpar las molestias”
Indignación, confusión, protestas, quilombo. Yo me tire a leer una National Geographic que me compre en Ezeiza con los últimos 13 pesos que tenia, que en Australia hubiesen sido una poco absorbente alternativa al papel higiénico.
Las protestas no cesaron, pero intentaron comprar nuestra paciencia con vouchers de comida. Muchos vouchers de comida. Para gastar libremente por todo el aeropuerto.
Me clave un doble cuarto de libra con queso en el Mc, y más tarde comí un exquisito sushi de salmón y palta, con sopa de pescado y una Saporo (birra japonesa). Y de postre me tire en los sillones con un capuchino grande, un pedazo de torta y chocolates a ver una peli en con la notebook.
Cuando volvimos a la compuerta 5 para el vuelo de las 16 se nos anuncio por el micrófono que el vuelo estaba retrasado 1 hora. Al parecer la última gota de la meada del tiranosaurio que nos venía meando desde que salimos, pero no! El dinosaurio se guardaba la sacudida final para el aeropuerto de Sydney, donde los mismos 19 de siempre, parados en línea frente a la plataforma giratoria por donde salen las valijas esperábamos, y esperábamos y esperábamos… Las valijas nunca aparecieron, con tanto cambio de vuelo se habían perdido en algún lugar (por suerte de ése aeropuerto). Aproximadamente una hora después aparecieron las valijas de todos.
7:15 de la tarde. El ultimo rayo de sol de un agradable viernes se había perdido algunos minutos atrás. Yo viajaba en el subte hacia el centro de Sydney. Ante la falta de paisajes dirigí mi vista hacia la valija y vi con sorpresa que la misma tenía un tajo. No solo en el plástico por el cual naifmente pagamos 20 dólares en el aeropuerto para protegerla, sino también en mi bolso en cuestión. Así es señores, mi equipaje había sido ultrajado. Esta vez no habría mas vouchers de comida para consolar, simplemente poner al mal tiempo buena cara y pilas para el radiante sábado soleado que me esperaba al día siguiente.
Una cosa es segura: el Tiranosaurio tenia incontinencia urinaria…
PD: Pido disculpas a la gente que siempre siguió el blog y me alentó a escribirlo, por la prolongada ausencia que se produjo desde el viaje a Asia. La verdad es que este fue un viaje tan, pero tan intenso que las experiencias vividas demandarían la escritura de un libro, más que un blog.
Por otro lado, al regresar a Nueva Zelanda, la vida transcurrió sin muchos sobresaltos o experiencias. Entre estas destacaron 3 meses de laburo de vuelta en Rotorua, salto en paracaídas, salto bungy, cruce a pie de 20km del valle Tongariro (donde esta Mordor, del Señor de los anillos) y un viaje de poco mas de 20 días recorriendo la Isla Sur ( viaje en ferry a Picton, recorrido a pie por Cristchurch, reencuentro con amigos y mucha joda en Queenstown, visita al parque nacional Pancackes Rocks, tour en bus y ferry por Milford Sounds (considerado por muchos como el paisaje más impactante de todo Nueva Zelanda, caminata por el Glaciar Fox y 3 días acampando en el parque nacional Abel Tazman.
jueves, 1 de marzo de 2012
Diario de un viaje express
Diario de un viaje express
DIA CERO:
“La felicidad es plena solo cuando es compartida” talló sobre un pedazo de madera Christopher Jhonsons Mc Candless el 18 de agosto de 1992, antes de morir en soledad en una remota y aislada región de Alaska, al comer por equivocación raíces de una variedad de planta venenosa, tras varios años de vivir como un ermitaño/nómade alejado de la sociedad. Sin llegar a tal extremo, en mi corta experiencia como viajante he aprendido, entre otras cosas, que uno de los factores más importantes que hacen de un viaje cualquiera una experiencia inolvidable son las relaciones humanas que se generan durante el mismo. La gente que se conoce, los amigos que se hacen y como se comparte con ellos lo vivido.
Es quizás por este motivo que los días anteriores a comenzar este viaje a un destino asilado como la Isla Sur y solo; no me generaban un estado de ansiedad, por lo contrario podría decirse que una parte de mi prefería quedarse en la seguridad de la rutina de Rotorua. Pero el bicho de la curiosidad deja una picadura que, si tenés suerte, pica fuerte y por mucho tiempo.
En este estado de indecisión se dieron los escasos preparativos del viaje que consistieron básicamente en el día anterior a mi partida ir al super a comprar fideos, arroz unas barritas de cereales, una botella de agua y pedirle prestada la bolsa de dormir a Javi. Ni boleto de colectivo, ni reservaciones de hoteles, ni equipo de camping.
El domingo a la noche atendí casi con nostalgia los pocos clientes que eligieron “Solace” para cenar. Me despedí de mis compañeros de trabajo y dejé (¿para siempre?) el rubro gastronómico que me dio buen dinero con poco esfuerzo y me permitió viajar tanto durante el 2011.
DIA UNO:
Siempre que hay una despedida, hay una fiesta. Siempre que hay una fiesta, uno se levanta tarde. El pasado lunes 27 de febrero no fue la excepción. Empaque todas mis posesiones (que entran en una valija de 90L), y le pedí a Lis Ane (mi aria compañera de cuarto) que me la cuidara hasta que volviera. En la espalda me llevaba un equipaje liviano: poca agua, poca comida y poca ropa.
Sin mucho plan, como mencioné antes, simplemente empecé a caminar rumbo Sur alrededor del medio día. Unos 6 kilómetros ya a las afueras de la ciudad, voltee mi espalda al sur y levante el pulgar de mi mano izquierda. El objetivo: llegar a Wellington a la tardecita para buscar un hostel, pasar la noche y al día siguiente cruzar a la Isla Sur con el ferri.
No habían pasado más de 10 minutos que una Van medio oscura se detuvo y abrió la puerta corrediza en un claro gesto de invitación a subir. Asome la cabeza para ver donde dejaba la mochila y me encontré con un ambiente un tanto turbio: gigantescos maoríes con cara de pocos amigos, saludaron con desconfianza y mirada torva.
Entre todos los hombres, ásperos y de pocas palabras; se encontraba al volante la única mujer dentro de la camioneta. Una vieja maorí muy simpática y locuaz. La misma me dijo que iban de Rotorua a trabajar a una fabrica que queda a mitad de camino con Taupo. Que si me servía me dejaban ahí. Cualquier cosa que me acercase al Sur me venía bien, así que acepte.
Tras un viaje quizás un tanto tenso, donde la conversación brillo por su ausencia, me dejaron justo debajo del cartel que decía: Taupo 40km. Sabiendo que Taupo es la primer ciudad después de Rotorua, y que estas quedan 80km una de la otra; caí en la cruda realidad de que eran la 1 de la tarde de mi primer día de viaje y no me había alejado ni 50km de Rotorua. Todavía me quedaban unas 6 horas de viaje, suponiendo que encontrase alguien que fuese derecho hasta el centro de Wellington y sin paradas.
Siempre hay que pensar que cualquier situación de la vida podría ser peor mediante dos factores: si está lloviendo y si Racing va ultimo en la tabla. Por suerte no llovía… Así que puse mi mejor sonrisa, el pulgar arriba una vez mas y agradecí que era un hermoso día soleado.
Unos 45 minutos después, la realidad golpeo de nuevo. Los autos me pasaban como cabaret en quiebra (echando putas), pero ninguno paraba y ya me estaban saliendo raíces. Me vi en un futuro cercano sacando la bolsa de dormir con las últimas gotas de sol y pasando la noche al costado de la ruta, sin carpa, con el estomago vacio y despertándome al otro día a la mañana con la temperatura corporal al mismo nivel que la escarcha del pasto.
Cuando el ánimo empezaba a abrazar la indignación, fue que se detuvo un Holden negro azabache. A esta altura me subía por más que el conductor sea un violador, asesino serial que además halla comido guiso de portos al medio día y me diga que las ventanillas del auto no andan. Eran dos: Sam de aspecto bonachón, alto, corpulento, polo negro enrulado y piel tirando a oscura; le calculaba unos 50 y pico años a un perfil con una cierta descendencia maorí. Su hijo Josh de 22 años, charlatan, también de aspecto bonachón tirando a Shaggi de Scooby Doo; alto, flaco, blanco, gran dentadura, ojos claros y pelo tirando a rubio dejaba en claro que la esposa de Sam era la típica neocelandesa de descendencia inglesa o que Sam se había comprado un auto con ventana en el techo para que le asomen los cuernos.
Sam: Vas para Taupo? Subi que te llevamos!
Yo: mil gracias por parar! Si, en realidad voy hasta Wellington, pero por algo tengo que empezar.
Josh: A Wellington?! Nosotros también vamos para allá. Si no te molesta que paremos 10 minutos en Taupo a saludar a mi abuelo, estas más que invitado a venir hasta Welli con nosotros!
Casi se me pianta un lagrimón! Todas esas nubes de malos pensamientos en los que me veía venir pasar la noche en la ruta cagado de frio, se disiparon con un suspiro de la atolondrada vos de Josh.
Ya llegando a Taupo, me entro la paranoia. La eterna paranoia de haberme criado en Argentina. ¿y si me están llevando a algún lugar medio raro? ¿y si planean drogarme y robarme los órganos? ¿y si me llevan a una casa y me roban la mochila con los fideos y el arroz?.
Todo lo contrario llegamos a una casa bellísima, sobre una colina que deba de lleno al lago Taupo. El padre de Sam de más clara descendencia maorí (pero ese tipo de maorí que se occidentalizo hace rato) nos recibió entre sonrisas y chistes. Una buena onda increíble para los años que tenia encima. Destacable anfitrión preparo café o té a pedido y convido con muffins y croissants en abundancia para todos. Durante los 20 minutos que estuvimos ahí me trato como un nieto mas.
Seguimos viaje en la comodidad de los amplios interiores del Holden con tapizados de cuero y el aire acondicionado a la temperatura ideal. Escuchando buena música y charlando de todo un poco. Los locales mostraron gran interés y conocimiento previo de Argentina.
Llegando al atardecer me estaba cagando de hambre. Sabia que tenía un sándwich de salamín y queso re aplastado en la mochila, pero sentía que sería un abuso de confianza ponerme a comer el oloroso sándwich en el asiento de atrás, tirando migas sobre el vehículo ajeno que presentaba excelente estado de pulcritud. El tema es que cuando el hambre aprieta se caen los códigos…Estos pensamientos cruzaban mi mente cuando Sam exclamo: me estoy muriendo de hambre! Mariano, te gusta mc dondalds?
Yo: Si…”me encanta” (cuack!)
Sam: bueno, en la próxima ciudad paramos y te pedís el combo que quieras, yo invito!
Típica discusión en el medio de “pago yo, pago yo”, cedí rápidamente y me clave un Doble cuarto de libra.
Ya llegando a Wellington, Sam me dijo que en realidad no iban hasta la Capital, sino hasta Porirua, una ciudad a unos 20 km antes de Welli. Pero que le dijera la dirección exacta del hostel al que iba y que me llevaban.
Sabiendo que era perder el tiempo discutirle que me deje donde fuese que iban ellos y de ahí me arreglaba solo, le escribí a una amiga que está viviendo en el centro para que me dijera la dirección del hostel donde paraba. Si les llegaba a decir que no tenia ningún hotel reservado por ahí hasta me pagaban una pieza en el de ellos en Porirua.
Eran casi las 9 de la noche cuando me dejaron en la puerta del hostel. Les dije la mayor cantidad de palabras de agradecimiento posibles que se me ocurrieron en ingles y nos despedimos.
Reencuentro en el George´s backpakers hostel, con Ceci,una Argentina muy piola que había conocido en Rotorua aproximadamente un mes atrás. Charla, cena y a la cama.
DIA 2
Me levante alrededor de las 9am. Ducha de por medio me fui a desayunar y use la conexión de internet del hostel para sacar el pasaje del ferri. Saque mi boleto para el horario de las 2am del día siguiente. Sabía que iba a estar despierto hasta tarde y viajando de noche me ahorraba una noche de acomodación, mas la ventaja de llegar temprano en la mañana a una ciudad.
Camine todo Wellington: el centro, la costanera, el puerto, el museo. Ya había estado allí antes. Es una ciudad bellísima. Tamaño ideal, limpia, llena de vida; hermosa arquitectura de edificios neocoloniales y pintorescos dispuestos irregularmente y mezclados con intervenciones urbanas modernas, pequeñas plazoletas, puentes, parques y plazas. Varios cafés y bares de fachada antigua contrastando con modernos edificios de mediana altura aquí y allá. Armonía en lo ecléctico. De lo más destacable el museo Te Papa, muy interactivo y diverso.
Me preocupaba un poco la llegada a Picton (isla Sur) a la mañana del día siguiente. ¿Por dónde seguiría bajando? ¿Este? ¿Oeste? ¿Centro? ¿Y si llovía todo el día? ¿Me levantaría alguien si me ponía a hacer dedo? Sabiendo que solo el 25% de la población neozelandesa vive en la Isla Sur, existe un 75% menos de posibilidades de que alguien te levante…
La comodidad del lujo burgués, que ha tantos románticos a convertido, le gano la pulseada al sueño de la aventura hippie. Y compre por internet un pase que me permite ir a 5 destinos que quiera en bondi por $150. Sinceramente hubiese preferido seguir con el dedo, aún más después de tan positiva primera experiencia de Rotorua a Wellington; pero tengo a mi acecho al peor enemigo en la historia del hombre: el tiempo.
Cruce el centro de Wellington en la fría y solitaria noche, sin escuchar mayor sonido que el de mis propios pasos y los semáforos cambiando inútilmente sus luces. Llegué a la estación de ferri y aborde a la 1am. Muy poca gente viaja en el servicio de la madrugada, por lo que me busque el más grande y cómodo sillón de todo el barco, me puse los auriculares y antes de que las turbinas comenzaran a impulsarnos lejos de tierra firme, ya me había perdido en el mundo de los sueños.
DIA 3
Llegamos a Picton a las 6am. Baje del ferri y un servicio gratuito de transporte perteneciente a la misma compañía del crucero me dejo en el centro, donde escapando del frío matinal, entré rápidamente al único café abierto del pueblo. Me acomodé en una mesa junto a la estufa a leña, pedí un café latte y escribí algunas palabras del presente escrito.
Picton es un pueblo de menos de 5000 habitantes. Sus casitas se ubican sobre el valle montañoso que baja rápidamente para encontrarse con el mar. Es en este encuentro que se ubica el puerto, de gran importancia turística y comercial.
Había finalmente decidido bajar por la costa Este hasta Christchurch y desde allí a Queenstown. Como mi autobús salía a la 1pm, utilice mi mañana para hacer un treking de 2hs ida y otras tantas de vuelta hasta la cima de uno de los fiordos que rodea el pueblo. Hasta el punto panorámico Queen Charlotte, desde donde tuve una fantástica vista de águila del pueblo, las montañas y el ferri que me trajo, partiendo en sentido inverso, en el servicio de las 10am.
Llegue a Christchurch a las 6pm y busque un hostel.
No hay mejor lugar para hacer amigos que un hostel. Me prepare un café y no había terminado de tomarlo que ya había entablado relación con un gringo, una holandesa, dos franceses y una argentina. Vimos una peli en el hostel y después salimos a tomar una birra.
Ya había estado anteriormente en Christchurch. Es una ciudad que por lo que cuentan los que la conocieron en su esplendor, fue muy bella y alegre. Hoy en día, un año después de los terremotos, es un lugar con una vibra muy negativa y deprimente desde lo energético. Desde lo visual: edificios parcial y completamente destruidos. En el centro pueden verse tras las vallas de construcción los restos de lo que fue la catedral, con su imponente aguja de la cúpula principal tirada sobre un costado entre ladrillos y restos de los vitrales. Por las calles irregularmente agrietadas calles, gente que vive eternamente atormentada por los pequeños temblores y bajo la constate amenaza de un nuevo terremoto. Gente que lo perdió todo, sus familiares o amigos, sus negocios, sus casas…
Empezaba a llover, cuando volvimos al hostel, me despedí y me fui a dormir, escuchando la lluvia caer sobre lo que esperaba fuese un suelo sin temblores.
DIA CERO:
“La felicidad es plena solo cuando es compartida” talló sobre un pedazo de madera Christopher Jhonsons Mc Candless el 18 de agosto de 1992, antes de morir en soledad en una remota y aislada región de Alaska, al comer por equivocación raíces de una variedad de planta venenosa, tras varios años de vivir como un ermitaño/nómade alejado de la sociedad. Sin llegar a tal extremo, en mi corta experiencia como viajante he aprendido, entre otras cosas, que uno de los factores más importantes que hacen de un viaje cualquiera una experiencia inolvidable son las relaciones humanas que se generan durante el mismo. La gente que se conoce, los amigos que se hacen y como se comparte con ellos lo vivido.
Es quizás por este motivo que los días anteriores a comenzar este viaje a un destino asilado como la Isla Sur y solo; no me generaban un estado de ansiedad, por lo contrario podría decirse que una parte de mi prefería quedarse en la seguridad de la rutina de Rotorua. Pero el bicho de la curiosidad deja una picadura que, si tenés suerte, pica fuerte y por mucho tiempo.
En este estado de indecisión se dieron los escasos preparativos del viaje que consistieron básicamente en el día anterior a mi partida ir al super a comprar fideos, arroz unas barritas de cereales, una botella de agua y pedirle prestada la bolsa de dormir a Javi. Ni boleto de colectivo, ni reservaciones de hoteles, ni equipo de camping.
El domingo a la noche atendí casi con nostalgia los pocos clientes que eligieron “Solace” para cenar. Me despedí de mis compañeros de trabajo y dejé (¿para siempre?) el rubro gastronómico que me dio buen dinero con poco esfuerzo y me permitió viajar tanto durante el 2011.
DIA UNO:
Siempre que hay una despedida, hay una fiesta. Siempre que hay una fiesta, uno se levanta tarde. El pasado lunes 27 de febrero no fue la excepción. Empaque todas mis posesiones (que entran en una valija de 90L), y le pedí a Lis Ane (mi aria compañera de cuarto) que me la cuidara hasta que volviera. En la espalda me llevaba un equipaje liviano: poca agua, poca comida y poca ropa.
Sin mucho plan, como mencioné antes, simplemente empecé a caminar rumbo Sur alrededor del medio día. Unos 6 kilómetros ya a las afueras de la ciudad, voltee mi espalda al sur y levante el pulgar de mi mano izquierda. El objetivo: llegar a Wellington a la tardecita para buscar un hostel, pasar la noche y al día siguiente cruzar a la Isla Sur con el ferri.
No habían pasado más de 10 minutos que una Van medio oscura se detuvo y abrió la puerta corrediza en un claro gesto de invitación a subir. Asome la cabeza para ver donde dejaba la mochila y me encontré con un ambiente un tanto turbio: gigantescos maoríes con cara de pocos amigos, saludaron con desconfianza y mirada torva.
Entre todos los hombres, ásperos y de pocas palabras; se encontraba al volante la única mujer dentro de la camioneta. Una vieja maorí muy simpática y locuaz. La misma me dijo que iban de Rotorua a trabajar a una fabrica que queda a mitad de camino con Taupo. Que si me servía me dejaban ahí. Cualquier cosa que me acercase al Sur me venía bien, así que acepte.
Tras un viaje quizás un tanto tenso, donde la conversación brillo por su ausencia, me dejaron justo debajo del cartel que decía: Taupo 40km. Sabiendo que Taupo es la primer ciudad después de Rotorua, y que estas quedan 80km una de la otra; caí en la cruda realidad de que eran la 1 de la tarde de mi primer día de viaje y no me había alejado ni 50km de Rotorua. Todavía me quedaban unas 6 horas de viaje, suponiendo que encontrase alguien que fuese derecho hasta el centro de Wellington y sin paradas.
Siempre hay que pensar que cualquier situación de la vida podría ser peor mediante dos factores: si está lloviendo y si Racing va ultimo en la tabla. Por suerte no llovía… Así que puse mi mejor sonrisa, el pulgar arriba una vez mas y agradecí que era un hermoso día soleado.
Unos 45 minutos después, la realidad golpeo de nuevo. Los autos me pasaban como cabaret en quiebra (echando putas), pero ninguno paraba y ya me estaban saliendo raíces. Me vi en un futuro cercano sacando la bolsa de dormir con las últimas gotas de sol y pasando la noche al costado de la ruta, sin carpa, con el estomago vacio y despertándome al otro día a la mañana con la temperatura corporal al mismo nivel que la escarcha del pasto.
Cuando el ánimo empezaba a abrazar la indignación, fue que se detuvo un Holden negro azabache. A esta altura me subía por más que el conductor sea un violador, asesino serial que además halla comido guiso de portos al medio día y me diga que las ventanillas del auto no andan. Eran dos: Sam de aspecto bonachón, alto, corpulento, polo negro enrulado y piel tirando a oscura; le calculaba unos 50 y pico años a un perfil con una cierta descendencia maorí. Su hijo Josh de 22 años, charlatan, también de aspecto bonachón tirando a Shaggi de Scooby Doo; alto, flaco, blanco, gran dentadura, ojos claros y pelo tirando a rubio dejaba en claro que la esposa de Sam era la típica neocelandesa de descendencia inglesa o que Sam se había comprado un auto con ventana en el techo para que le asomen los cuernos.
Sam: Vas para Taupo? Subi que te llevamos!
Yo: mil gracias por parar! Si, en realidad voy hasta Wellington, pero por algo tengo que empezar.
Josh: A Wellington?! Nosotros también vamos para allá. Si no te molesta que paremos 10 minutos en Taupo a saludar a mi abuelo, estas más que invitado a venir hasta Welli con nosotros!
Casi se me pianta un lagrimón! Todas esas nubes de malos pensamientos en los que me veía venir pasar la noche en la ruta cagado de frio, se disiparon con un suspiro de la atolondrada vos de Josh.
Ya llegando a Taupo, me entro la paranoia. La eterna paranoia de haberme criado en Argentina. ¿y si me están llevando a algún lugar medio raro? ¿y si planean drogarme y robarme los órganos? ¿y si me llevan a una casa y me roban la mochila con los fideos y el arroz?.
Todo lo contrario llegamos a una casa bellísima, sobre una colina que deba de lleno al lago Taupo. El padre de Sam de más clara descendencia maorí (pero ese tipo de maorí que se occidentalizo hace rato) nos recibió entre sonrisas y chistes. Una buena onda increíble para los años que tenia encima. Destacable anfitrión preparo café o té a pedido y convido con muffins y croissants en abundancia para todos. Durante los 20 minutos que estuvimos ahí me trato como un nieto mas.
Seguimos viaje en la comodidad de los amplios interiores del Holden con tapizados de cuero y el aire acondicionado a la temperatura ideal. Escuchando buena música y charlando de todo un poco. Los locales mostraron gran interés y conocimiento previo de Argentina.
Llegando al atardecer me estaba cagando de hambre. Sabia que tenía un sándwich de salamín y queso re aplastado en la mochila, pero sentía que sería un abuso de confianza ponerme a comer el oloroso sándwich en el asiento de atrás, tirando migas sobre el vehículo ajeno que presentaba excelente estado de pulcritud. El tema es que cuando el hambre aprieta se caen los códigos…Estos pensamientos cruzaban mi mente cuando Sam exclamo: me estoy muriendo de hambre! Mariano, te gusta mc dondalds?
Yo: Si…”me encanta” (cuack!)
Sam: bueno, en la próxima ciudad paramos y te pedís el combo que quieras, yo invito!
Típica discusión en el medio de “pago yo, pago yo”, cedí rápidamente y me clave un Doble cuarto de libra.
Ya llegando a Wellington, Sam me dijo que en realidad no iban hasta la Capital, sino hasta Porirua, una ciudad a unos 20 km antes de Welli. Pero que le dijera la dirección exacta del hostel al que iba y que me llevaban.
Sabiendo que era perder el tiempo discutirle que me deje donde fuese que iban ellos y de ahí me arreglaba solo, le escribí a una amiga que está viviendo en el centro para que me dijera la dirección del hostel donde paraba. Si les llegaba a decir que no tenia ningún hotel reservado por ahí hasta me pagaban una pieza en el de ellos en Porirua.
Eran casi las 9 de la noche cuando me dejaron en la puerta del hostel. Les dije la mayor cantidad de palabras de agradecimiento posibles que se me ocurrieron en ingles y nos despedimos.
Reencuentro en el George´s backpakers hostel, con Ceci,una Argentina muy piola que había conocido en Rotorua aproximadamente un mes atrás. Charla, cena y a la cama.
DIA 2
Me levante alrededor de las 9am. Ducha de por medio me fui a desayunar y use la conexión de internet del hostel para sacar el pasaje del ferri. Saque mi boleto para el horario de las 2am del día siguiente. Sabía que iba a estar despierto hasta tarde y viajando de noche me ahorraba una noche de acomodación, mas la ventaja de llegar temprano en la mañana a una ciudad.
Camine todo Wellington: el centro, la costanera, el puerto, el museo. Ya había estado allí antes. Es una ciudad bellísima. Tamaño ideal, limpia, llena de vida; hermosa arquitectura de edificios neocoloniales y pintorescos dispuestos irregularmente y mezclados con intervenciones urbanas modernas, pequeñas plazoletas, puentes, parques y plazas. Varios cafés y bares de fachada antigua contrastando con modernos edificios de mediana altura aquí y allá. Armonía en lo ecléctico. De lo más destacable el museo Te Papa, muy interactivo y diverso.
Me preocupaba un poco la llegada a Picton (isla Sur) a la mañana del día siguiente. ¿Por dónde seguiría bajando? ¿Este? ¿Oeste? ¿Centro? ¿Y si llovía todo el día? ¿Me levantaría alguien si me ponía a hacer dedo? Sabiendo que solo el 25% de la población neozelandesa vive en la Isla Sur, existe un 75% menos de posibilidades de que alguien te levante…
La comodidad del lujo burgués, que ha tantos románticos a convertido, le gano la pulseada al sueño de la aventura hippie. Y compre por internet un pase que me permite ir a 5 destinos que quiera en bondi por $150. Sinceramente hubiese preferido seguir con el dedo, aún más después de tan positiva primera experiencia de Rotorua a Wellington; pero tengo a mi acecho al peor enemigo en la historia del hombre: el tiempo.
Cruce el centro de Wellington en la fría y solitaria noche, sin escuchar mayor sonido que el de mis propios pasos y los semáforos cambiando inútilmente sus luces. Llegué a la estación de ferri y aborde a la 1am. Muy poca gente viaja en el servicio de la madrugada, por lo que me busque el más grande y cómodo sillón de todo el barco, me puse los auriculares y antes de que las turbinas comenzaran a impulsarnos lejos de tierra firme, ya me había perdido en el mundo de los sueños.
DIA 3
Llegamos a Picton a las 6am. Baje del ferri y un servicio gratuito de transporte perteneciente a la misma compañía del crucero me dejo en el centro, donde escapando del frío matinal, entré rápidamente al único café abierto del pueblo. Me acomodé en una mesa junto a la estufa a leña, pedí un café latte y escribí algunas palabras del presente escrito.
Picton es un pueblo de menos de 5000 habitantes. Sus casitas se ubican sobre el valle montañoso que baja rápidamente para encontrarse con el mar. Es en este encuentro que se ubica el puerto, de gran importancia turística y comercial.
Había finalmente decidido bajar por la costa Este hasta Christchurch y desde allí a Queenstown. Como mi autobús salía a la 1pm, utilice mi mañana para hacer un treking de 2hs ida y otras tantas de vuelta hasta la cima de uno de los fiordos que rodea el pueblo. Hasta el punto panorámico Queen Charlotte, desde donde tuve una fantástica vista de águila del pueblo, las montañas y el ferri que me trajo, partiendo en sentido inverso, en el servicio de las 10am.
Llegue a Christchurch a las 6pm y busque un hostel.
No hay mejor lugar para hacer amigos que un hostel. Me prepare un café y no había terminado de tomarlo que ya había entablado relación con un gringo, una holandesa, dos franceses y una argentina. Vimos una peli en el hostel y después salimos a tomar una birra.
Ya había estado anteriormente en Christchurch. Es una ciudad que por lo que cuentan los que la conocieron en su esplendor, fue muy bella y alegre. Hoy en día, un año después de los terremotos, es un lugar con una vibra muy negativa y deprimente desde lo energético. Desde lo visual: edificios parcial y completamente destruidos. En el centro pueden verse tras las vallas de construcción los restos de lo que fue la catedral, con su imponente aguja de la cúpula principal tirada sobre un costado entre ladrillos y restos de los vitrales. Por las calles irregularmente agrietadas calles, gente que vive eternamente atormentada por los pequeños temblores y bajo la constate amenaza de un nuevo terremoto. Gente que lo perdió todo, sus familiares o amigos, sus negocios, sus casas…
Empezaba a llover, cuando volvimos al hostel, me despedí y me fui a dormir, escuchando la lluvia caer sobre lo que esperaba fuese un suelo sin temblores.
sábado, 17 de septiembre de 2011
No sé si estoy despierto o tengo los ojos abiertos
Un antiguo filosofo chino escribió una vez: “…Chang Tsu fue a dormir y soñó que era una mariposa. Al despertar, no sabía si era Chang Tsu soñando que era una mariposa, o si era una mariposa, soñando que era Chang Tsu…”.
En un principio lejanos, pero aumentando con gran intensidad, los sonidos de la ciudad entran por mis oídos y golpean en mi consiente adormentado, trayéndome de vuelta desde el mundo de los sueños.
Abro los ojos. Hace calor, mucho calor. Estoy en una habitación de hotel, no se destaca por el lujo, pero es limpia y acogedora. La luz del sol se filtra por las cortinas, es una mañana avanzada, casi rozando el medio día y la ciudad ya está en plena ebullición. Me levanto de la cama y camino hasta la ventana. Desde el tercer piso del hotel veo la milenaria ciudad de Bangkok, capital de Tailandia, descubrirse ante mis ojos. Vendedores ambulantes gritando para imponerse, cientos de bicicletas, tuktuk (moto taxis) y autos enmarañados en una lucha por llegar a tiempo a sus destinos. Me sumerjo en ese paisaje tan distinto para mi, de gentes, de sonidos y de formas que no me son familiares. De repente, una voz me saca de ese estado hipnótico. Es una voz femenina, que me es conocida. Volteo y dentro de la cama esta Natalia Oreiro, vistiendo solo una camiseta de Racing diciéndome: volve a la cama amor…
Abro los ojos. Estoy en Rotorua, en la habitación del Hostel; en la cama de arriba el Chichi ronca. Mientras me desperezo pienso: otra vez se me están mezclando los sueños del viaje a Asia y de Natalia Oreiro…mala señal. Son casi las doce de la noche y nos despertamos de una ligera siesta listos para ir a una atípica excursión.
Bajamos la escalera. Abajo están los chicos esperándonos, todos con la maya puesta. En estos casi 3 meses de vida en Rotorua se ha armado un muy lindo grupo de latinos. Esta noche, somos 13 en total y contamos con 3 vehículos con una buena dotación de cerveza. El destino: un paraje misterioso, conocido solo por algunos locales, quienes se muestran bastante reacios a la idea de divulgar el secreto de su ubicación, ya que quieren mantenerlo virgen y hermoso como es.
Afortunadamente tras 3 semanas de hacer buena letra con la pareja que son los dueños del hostel donde trabajamos a cambio de alojamiento; ella se prestó a confiarnos el secreto de la ubicación e incluso dibujarnos un mapa para poder llegar.
Nos dividimos en 3 grupos por los autos, y emprendimos el viaje en el medio de la noche, fría y estrellada.
Abro los ojos. Estoy sumamente cómodo. ¿Sobre un colchón? No, sobre la arena; y una roca hace las veces de almohada. Una corriente de agua caliente me atraviesa el cuerpo incansablemente. La luz del sol se refleja en una bellísima luna llena, y luego de atravesar el vapor del agua caliente y cristalina, me permite ver el fondo del lago con suma claridad. A mis alrededores un juego de brillos y sombras causados por la intensa luz de la luna, filtrándose entre las ramas del bosque. Volteo a ambos lados, buscando a la Oreiro, pero no está. A algunos metros en cambio, veo a todos los chicos, sentados aquí y allá, con una botella de Stella Artois en la mano, conversando y riendo alegremente. Esto no es un sueño, pero es un lugar tan mágico que es difícil de explicar.
Los locales lo llaman Hot and Cold River (rio frio y caliente). Es un pequeño lugar perdido en el bosque, en medio de la naturaleza, donde se encuentran un arroyito formado por aguas de lluvia, extremadamente frío dada la época del año y uno proveniente de las entrañas de la tierra de agua sumamente caliente. Se encuentran en una especie de pileton natural, donde uno puede acercarse más al arroyo frio o al caliente dependiendo la temperatura que más le apetezca. Debido a las altas temperaturas del agua (que varían desde unos 44°C en el arroyo caliente a muy fría en el arroyo frío), no viven ningún tipo de plantas ni animales en el agua, haciendo que esta sea sumamente limpia y cristalina. El suelo es de arena, sin un solo rastro de barro, con rocas aquí y allá que pueden usarse de asiento, reposera o cama dependiendo la altura de la roca o la profundidad del lago que no supera el metro treinta en la parte más profunda. Las paredes de esta especia de estanque son grandes piedras seguidas inmediatamente de arboles; las mismas tienen pequeños huecos donde encendimos algunas velas, para sumarle magia a un momento que ya de por si fue increíble.
Nos quedamos allí hasta las 4 am, donde decidimos volver ya preocupados de lo arrugadas que teníamos las manos.
La vida en Rotorua ha sido muy intensa este último mes. Las actividades sociales siguen tan frecuentes como antes pero el trabajo aumento considerablemente; en consecuencia han disminuido las horas de sueño. Un día en la “rutina” sería: levantarse alrededor de las 9: 30, ya que Fleak, la dueña del hostel que nos da una mano con la limpieza, antes de decirnos buenos días nos dice “desayunen tranquilos que no hay apuro”. Fleak es un amor de persona, a sus 60 y largos años se mantiene súper activa y ya tiene la mitad de los cuartos hechos para cuando terminamos de desayunar. Se podría decir que es mas nostros ayudándola a ella con la limpieza que ella a nosotros. Terminamos de desayunar, limpiamos la cocina, los baños, me cambio y me voy a trabajar. A las 11 30 llego a abrir “Tandoori Palace”, el restaurant indio de los mimos dueños que Solace (el otro restaurant donde trabajo). Es un lindo restaurant, pero de mañana no va nadie, así que tengo suerte si para las 14 cuando me estoy yendo atendí más de 3 mesas. Me pusieron a trabajar ahí ya que en vistas de que se acercaba la fecha del viaje a Asia y quería hacer mas plata, les pedí que me dieran más horas en lo que sea. Vuelvo al hostel, como algo y me tiro a dormir una siestona o me voy al Spa a ver el lago desde la pileta de agua termal. Me levanto alas 17hs como algo y 17 30 estoy en Solace. Allí ya saben que mi tarea es estar parado en la puerta conversando con la gente que pasa, convenciéndolos de entrar a comer. Al principio era bastante divertido, la verdad que ahora me estoy aburriendo un poco; pero bueno, peor es laburar… Depende del día de la semana, pero generalmente vuelvo al hostel tipo 21 30, como algo y me voy para el Pig and Wishtle. Pig and Wisthle es el bar que mencione en la subida del blog anterior, el mismo queda a una cuadra del hostel donde vivimos. Es un bar súper agradable, un estilo Antares para los que conocen. Ahí tenemos cerveza gratis ilimitada. Si no anda nadie me tomo un vaso y me voy adormir, si anda gente me quedo charlando con alguien, generalmente turistas en tránsito. A esta rutina súmenle una ida al boliche del pueblo los jueves y sábados y una escapada a la naturaleza en los días que no trabajamos.
Esta última semana que paso, logramos coordinar los días libres de 8 de nosotros y fuimos en dos autos a conocer Mont Manganui. Mont Manganui es un bellísima ciudad turística ubicada sobre la costa Este de la isla Norte de Nueva Zelanda, a unos 140km de Rotorua. Similar a lo que sería Punta del Este en Uruguay, es un estrecho de tierra con edificios, negocios, casas y parques rodeado por mar al Este y al Oeste. Desde una orilla a la otra hay unas 6 cuadras. Toda esta península se remata en un monte bastante alto, cuyo acenso haciendo trecking dura una hora y monedas, dependiendo que tan rápido se valla.
Nos toco un día hermosísimo, sol radiante, ni una nube y calorsito agradable. Desde la sima se tiene una vista deslumbrante del océano y de la ciudad. Allí paramos a almorzar y luego nos tiramos en el pasto a cantar, con el Chichi tocando la guitarra, hasta ver bajar el sol… Un recuerdo más de este viaje, que quedara marcado a fuego en la memoria. Subí varias fotos al facebook para quien quiera darse una mejor idea; de cualquier manera una vez mas no hay palabras ni imágenes capaces de describir con precisión la experiencia.
Estas son en líneas generales las novedades de la vida isleña. Solo dos semanas nos separan del punto de partida de nuestro próximo viaje: Malasia. Mientras tanto seguiremos trabajando “duro”, para ahorrar lo más posible y seguiremos yendo una o dos veces por semana al hot and cold river, a ese pequeño lugar mágico, escondido en el bosque, en lo más recóndito de una isla en el medio de la nada, aunque cada vez será más oscuro, a medida que la silueta de la luna decrezca día a día; y allí, de noche, acostado en el arroyo, mirando las estrellas, con el agua caliente fluyendo por mi piel, seguiré preguntándome si realmente estoy despierto o solo tengo los ojos abiertos, si soy Chang Tsu o la mariposa…
En un principio lejanos, pero aumentando con gran intensidad, los sonidos de la ciudad entran por mis oídos y golpean en mi consiente adormentado, trayéndome de vuelta desde el mundo de los sueños.
Abro los ojos. Hace calor, mucho calor. Estoy en una habitación de hotel, no se destaca por el lujo, pero es limpia y acogedora. La luz del sol se filtra por las cortinas, es una mañana avanzada, casi rozando el medio día y la ciudad ya está en plena ebullición. Me levanto de la cama y camino hasta la ventana. Desde el tercer piso del hotel veo la milenaria ciudad de Bangkok, capital de Tailandia, descubrirse ante mis ojos. Vendedores ambulantes gritando para imponerse, cientos de bicicletas, tuktuk (moto taxis) y autos enmarañados en una lucha por llegar a tiempo a sus destinos. Me sumerjo en ese paisaje tan distinto para mi, de gentes, de sonidos y de formas que no me son familiares. De repente, una voz me saca de ese estado hipnótico. Es una voz femenina, que me es conocida. Volteo y dentro de la cama esta Natalia Oreiro, vistiendo solo una camiseta de Racing diciéndome: volve a la cama amor…
Abro los ojos. Estoy en Rotorua, en la habitación del Hostel; en la cama de arriba el Chichi ronca. Mientras me desperezo pienso: otra vez se me están mezclando los sueños del viaje a Asia y de Natalia Oreiro…mala señal. Son casi las doce de la noche y nos despertamos de una ligera siesta listos para ir a una atípica excursión.
Bajamos la escalera. Abajo están los chicos esperándonos, todos con la maya puesta. En estos casi 3 meses de vida en Rotorua se ha armado un muy lindo grupo de latinos. Esta noche, somos 13 en total y contamos con 3 vehículos con una buena dotación de cerveza. El destino: un paraje misterioso, conocido solo por algunos locales, quienes se muestran bastante reacios a la idea de divulgar el secreto de su ubicación, ya que quieren mantenerlo virgen y hermoso como es.
Afortunadamente tras 3 semanas de hacer buena letra con la pareja que son los dueños del hostel donde trabajamos a cambio de alojamiento; ella se prestó a confiarnos el secreto de la ubicación e incluso dibujarnos un mapa para poder llegar.
Nos dividimos en 3 grupos por los autos, y emprendimos el viaje en el medio de la noche, fría y estrellada.
Abro los ojos. Estoy sumamente cómodo. ¿Sobre un colchón? No, sobre la arena; y una roca hace las veces de almohada. Una corriente de agua caliente me atraviesa el cuerpo incansablemente. La luz del sol se refleja en una bellísima luna llena, y luego de atravesar el vapor del agua caliente y cristalina, me permite ver el fondo del lago con suma claridad. A mis alrededores un juego de brillos y sombras causados por la intensa luz de la luna, filtrándose entre las ramas del bosque. Volteo a ambos lados, buscando a la Oreiro, pero no está. A algunos metros en cambio, veo a todos los chicos, sentados aquí y allá, con una botella de Stella Artois en la mano, conversando y riendo alegremente. Esto no es un sueño, pero es un lugar tan mágico que es difícil de explicar.
Los locales lo llaman Hot and Cold River (rio frio y caliente). Es un pequeño lugar perdido en el bosque, en medio de la naturaleza, donde se encuentran un arroyito formado por aguas de lluvia, extremadamente frío dada la época del año y uno proveniente de las entrañas de la tierra de agua sumamente caliente. Se encuentran en una especie de pileton natural, donde uno puede acercarse más al arroyo frio o al caliente dependiendo la temperatura que más le apetezca. Debido a las altas temperaturas del agua (que varían desde unos 44°C en el arroyo caliente a muy fría en el arroyo frío), no viven ningún tipo de plantas ni animales en el agua, haciendo que esta sea sumamente limpia y cristalina. El suelo es de arena, sin un solo rastro de barro, con rocas aquí y allá que pueden usarse de asiento, reposera o cama dependiendo la altura de la roca o la profundidad del lago que no supera el metro treinta en la parte más profunda. Las paredes de esta especia de estanque son grandes piedras seguidas inmediatamente de arboles; las mismas tienen pequeños huecos donde encendimos algunas velas, para sumarle magia a un momento que ya de por si fue increíble.
Nos quedamos allí hasta las 4 am, donde decidimos volver ya preocupados de lo arrugadas que teníamos las manos.
La vida en Rotorua ha sido muy intensa este último mes. Las actividades sociales siguen tan frecuentes como antes pero el trabajo aumento considerablemente; en consecuencia han disminuido las horas de sueño. Un día en la “rutina” sería: levantarse alrededor de las 9: 30, ya que Fleak, la dueña del hostel que nos da una mano con la limpieza, antes de decirnos buenos días nos dice “desayunen tranquilos que no hay apuro”. Fleak es un amor de persona, a sus 60 y largos años se mantiene súper activa y ya tiene la mitad de los cuartos hechos para cuando terminamos de desayunar. Se podría decir que es mas nostros ayudándola a ella con la limpieza que ella a nosotros. Terminamos de desayunar, limpiamos la cocina, los baños, me cambio y me voy a trabajar. A las 11 30 llego a abrir “Tandoori Palace”, el restaurant indio de los mimos dueños que Solace (el otro restaurant donde trabajo). Es un lindo restaurant, pero de mañana no va nadie, así que tengo suerte si para las 14 cuando me estoy yendo atendí más de 3 mesas. Me pusieron a trabajar ahí ya que en vistas de que se acercaba la fecha del viaje a Asia y quería hacer mas plata, les pedí que me dieran más horas en lo que sea. Vuelvo al hostel, como algo y me tiro a dormir una siestona o me voy al Spa a ver el lago desde la pileta de agua termal. Me levanto alas 17hs como algo y 17 30 estoy en Solace. Allí ya saben que mi tarea es estar parado en la puerta conversando con la gente que pasa, convenciéndolos de entrar a comer. Al principio era bastante divertido, la verdad que ahora me estoy aburriendo un poco; pero bueno, peor es laburar… Depende del día de la semana, pero generalmente vuelvo al hostel tipo 21 30, como algo y me voy para el Pig and Wishtle. Pig and Wisthle es el bar que mencione en la subida del blog anterior, el mismo queda a una cuadra del hostel donde vivimos. Es un bar súper agradable, un estilo Antares para los que conocen. Ahí tenemos cerveza gratis ilimitada. Si no anda nadie me tomo un vaso y me voy adormir, si anda gente me quedo charlando con alguien, generalmente turistas en tránsito. A esta rutina súmenle una ida al boliche del pueblo los jueves y sábados y una escapada a la naturaleza en los días que no trabajamos.
Esta última semana que paso, logramos coordinar los días libres de 8 de nosotros y fuimos en dos autos a conocer Mont Manganui. Mont Manganui es un bellísima ciudad turística ubicada sobre la costa Este de la isla Norte de Nueva Zelanda, a unos 140km de Rotorua. Similar a lo que sería Punta del Este en Uruguay, es un estrecho de tierra con edificios, negocios, casas y parques rodeado por mar al Este y al Oeste. Desde una orilla a la otra hay unas 6 cuadras. Toda esta península se remata en un monte bastante alto, cuyo acenso haciendo trecking dura una hora y monedas, dependiendo que tan rápido se valla.
Nos toco un día hermosísimo, sol radiante, ni una nube y calorsito agradable. Desde la sima se tiene una vista deslumbrante del océano y de la ciudad. Allí paramos a almorzar y luego nos tiramos en el pasto a cantar, con el Chichi tocando la guitarra, hasta ver bajar el sol… Un recuerdo más de este viaje, que quedara marcado a fuego en la memoria. Subí varias fotos al facebook para quien quiera darse una mejor idea; de cualquier manera una vez mas no hay palabras ni imágenes capaces de describir con precisión la experiencia.
Estas son en líneas generales las novedades de la vida isleña. Solo dos semanas nos separan del punto de partida de nuestro próximo viaje: Malasia. Mientras tanto seguiremos trabajando “duro”, para ahorrar lo más posible y seguiremos yendo una o dos veces por semana al hot and cold river, a ese pequeño lugar mágico, escondido en el bosque, en lo más recóndito de una isla en el medio de la nada, aunque cada vez será más oscuro, a medida que la silueta de la luna decrezca día a día; y allí, de noche, acostado en el arroyo, mirando las estrellas, con el agua caliente fluyendo por mi piel, seguiré preguntándome si realmente estoy despierto o solo tengo los ojos abiertos, si soy Chang Tsu o la mariposa…
jueves, 18 de agosto de 2011
del dicho al hecho...
Los conocimos de casualidad una noche después del trabajo. Habíamos ido a Pig and whistle por una cerveza. Pig and Whistle es un bar histórico en la ciudad, solía ser el edificio del cuartel de policía, cuando Rotorua era un pequeño pueblo donde paraba el tren; en Argentina lo llamaríamos una “estación”. Con los años, este bar, ha prosperado mucho y hoy tiene todo el aspecto de un pub ingles de muy buena calidad. Íntegramente recubierto en madera, con una buena estufa a leña y dos o tres plasmas aquí y allá para pasar los partidos (de rugby claro). Es tal la prosperidad que ha alcanzado este bar, que puede darse el gusto de dejar cupones de “una cerveza gratis sin obligación de compra” en los centros de información turística. Centros a los que vamos una o dos veces por semana y tras distraer a la agente de turismo con alguna pregunta de turista recién llegado de Madrid, nos dotamos de una buena provisión de vales de cerveza gratis.
Fabián es un pibe muy simpático. Es flaquito y chupado de cara, a pesar de que se mantiene alejado de los vicios. Tiene la risa fácil y un buen sentido del humor. Es un tipo despierto, y un poco nervioso a la hora de expresarse, característica que sospecho, surgen de toda una vida en capital. Eva es también muy alegre. Nacida y criada en Cañuelas es de espíritu más tranquilo, amigable y hasta si se quiere inocente.
“Acabamos de llegar de Tailandia, nos conocimos allá”. Dijo Fabián. Durante el resto de la noche Fabián y Eva pelaron contra la ansiedad para no entorpecerse el uno al otro en las anécdotas de su aventura. Tenían la excitación del que le acaba de ocurrir algo maravilloso, increíble, y necesita contárselo a alguien. Chichi y yo, esa noche, fuimos los agujeros de esa olla a presión. Fabián se imponía en la narración, pero todo el tiempo Eva lo corregía o completaba con detalles que en el afán de contar todo, Fabián se saltaba.
El hecho de encontrar del otro lado de la conversación, 4 oídos sumamente atentos y dos pares de ojos maravillados con tantas historias y descripciones de lugares exóticos y lejanos, alentaba sumamente a ambos, que siguieron hablando hasta que el pub cerró y nos invitaron a retirarnos.
Ya en la puerta del bar nos dijeron que tenían pensado quedarse un tiempo en Rotorua.
Intercambiamos números de celular y nos despedimos. Fría y silenciosa caminata hasta el auto de por medio empezamos a manejar de vuelta a casa. La idea de un viaje a Asia, siempre estuvo latente en el corazón, pero lejana en la realidad. Como las posibilidades de Racing de salir campeón. Pero en el relato de los chicos, no había nada de imposible, era solo una cuestión de actitud.
Yo manejaba en la vuelta a casa y rompí el silencio con un:
_ Che Guevon, cuando nos vamos a Asia?
_ No sé, pero quiero ir ya. jaja
_ Mañana vamos a internet y sacamos los pasajes para la primer semana de Octubre. Eso nos da tiempo para laburar casi dos meses más acá. Juntamos lo de los aéreos y unos 1800 que nos alcanza para vivir como reyes por dos meses allá, de arriba, sin laburar y viajando para todos lados.
Ya habíamos tenido conversaciones similares, pero siempre eran con el típico tono de sarcasmo con el que nos comunicábamos. Chichi que me conoce hace bastante, se dio cuenta que esta vez iba en serio. Y dijo:
_ Si! De una!
Con respecto al laburo, Chichi está muy bien con las horas que hace por semana en el hotel, casi 40. En mi caso, si bien el trabajo es muy relajado (pararse en la puerta del restaurant a charlar con la gente que pasa y convencerlos de que entren a comer, sin responsabilidad de plata ni lidiar entre los clientes y la cocina), estoy haciendo unas 20 o 25 horas a la semana. Con el trabajo de las mañana en el wwoofing cubrimos alojamiento y comida, por los que el dinero de esas 20 o 25 hs de laburo va casi en su totalidad a la cuenta de ahorro. De cualquier manera mientras más ahorremos acá, mas podemos reventarnos en Asia. Por lo que surgió la idea de dejar de trabajar las mañanas en el wwoofig y usar esas mañanas para buscar otro trabajo (o hacer más horas en el actual si se puede), arreglarse viviendo un mes en un lugar menos exclusivo del que estamos ahora y comiendo como el culo. Recordemos que en este wwoofing, a cambio de 4 horas de trabajo en la mañana, estamos viviendo en una mansión con vista al lago, y en casi un mes y medio que llevamos acá NUNCA repetimos una cena, todas ellas de puta madre.
Aquella noche después de una exquisita cena (paella), disfrutábamos una taza de café junto al fuego cuando le comentamos a Sally y Gerry de nuestras intenciones de viajar a Asia y por consecuente mudarnos. En este mes y medio viviendo y trabajando juntos se desarrollo un vinculo muy lindo entre ellos y nosotros, por lo que la noticia cayó como un balde de agua fría, no querían en lo mas mínimo que nos fuéramos, ya nos lo habían manifestado en el pasado, y en esta ocasión la expresión en sus rostros hablaba por sí misma. Fue entonces cuando a Gerry se le ocurrió la idea:
_ Que les parece si se mudan de la casa, pero se quedan a vivir en la caravan que está afuera. Es gigante, entran 8 personas, tiene heladera, frízer, microondas, horno, calefacción central, agua caliente, etc. En vez de trabajar a la mañana, les cobraríamos 50 dólares cada uno por semana, usan electricidad y agua de la casa y solo tienen que reponer la garrafa cuando se les acabe.
Recordemos que en un hostel, una habitación compartida entre 6 personas, por semana nos sale 120 por cabeza. La propuesta sonó fantástica. Teníamos las mañanas libres para trabajar y en alojamiento solo gastaríamos 50 mangos.
El eco del último martillazo resonó entre las colinas y el pasado domingo, tras cumplirse 38 días de wwoofing en casa de Gerry y Sally, ayudamos por última vez con el trabajo en el campo y nos mudamos a la caravan.
Como sucede tantas veces en la vida, del mundo de las ideas al de la realidad, las cosas se transforman. La caraban resultó ser muy fría, para colmo el día que nos mudamos comenzó una ola polar, que incluyo la primer nevada en Rotorua en los últimos 20 años. La calefacción funciona fantástico solo si esta prendida de forma continua, lo que se devora el gas de una garrafa en un día, y rellenarla sale unos $40 dólares, presupuesto fuera de nuestro alcance. Nos acordamos lo que era tener que cocinarse y preocuparse por ¿Qué como hoy?. A estos factores se le sumaron otros que venían latiendo desde abajo. Todos relacionados con muchas ganas de moverse a la ciudad. El campo es hermoso, pero ya hace un mes y medio que estamos acá. En ese mes y medio nos hicimos de un buen grupo de amigos, todos ellos viviendo en el centro. Y si bien el motor del grebmling es económico, en ir y volver todos los días hasta la urbe se va mas de un billete en combustible.
A través de un contacto con un amigo mexicano que está viviendo en un pequeño hostel familiero en pleno centro, es que conocimos a sus dueños. Una pareja de kiwis muy simpáticos y alegres. A él lo habíamos conocido el segundo día desde que llegamos a Rotorua, cuando se ofreció a pasarnos corriente con su camioneta, una helada y lluviosa noche de invierno que el grembling no quiso arrancar. Nos dijeron que les vendría muy bien personal de “housekeeping” para ayudar con la limpieza a la mañana.
_ Tendrían que trabajar 6 días a la semana, solo dos horas en la mañana. Generalmente es menos por que esta lento y la culo inquieto de mi mujer es la que se encarga de la limpieza.
_ Y nos podríamos venir este lunes?
_ Mira, en realidad los necesito de acá a dos semanas. Pero hagamos una cosa. ¿Cuánto están pagando donde duermen ahora?
_ $50 por semana cada uno.
_ Les dejo una habitación para ustedes a ese mismo precio por estas dos semanas, hasta que arranquen. Así se pueden venir este lunes para acá.
Apretón de manos y agradecimientos de por medio, se cerró el trato. El hostel no es de lo mejor, pero es agradable, cálido, la calefacción en las habitaciones esta al mango todo el día por lo que no más frío para estos wwoofers. Lo mejor es que queda a 2 cuadras de mi trabajo, a tres del de Chichi, a una del pig and whistle y a 4 del Polynesian Spa.
El Polynesian Spa, es un spa 5 estrellas, muy exclusivo. Cuenta con instalaciones hoteleras y un complejo termal de unas 8 piletas construidas todas sobre las horillas del lago (similar a Arapey en Uruguay para los que conocen, pero con las piletas mucho más cerca del agua, ya que al ser lago no corren riesgo de inundación como con el río en la tierra charrúa). Si bien es inaccesible en precio para mochileros lauchas como nosotros, no lo es para turistas acaudalados o para ciudadanos permanentes de Rotorua. Ciudadanía que se demuestra con un carnet de miembro de la biblioteca. Carnet que se obtiene al presentar un resumen de cuenta del banco con tu dirección en Rotorua. Resumen de cuenta que pedimos bajo la dirección de Sally y Gerry.
Tramites de por medio (que en conjunto nos llevaron menos de 30 minutos, caminando de un lugar a otro). Nos convertimos en ciudadanos de Rotorua y luego en flamantes miembros del Polinisian Spa, con acceso ilimitado a todas las piletas, durante un mes, por el módico precio de $40 dólares.
Pero el carnet de la biblioteca, contundente prueba de ciudadanía, sirve además para tener acceso ilimitado al wifi en las instalaciones de la biblioteca, situadas a media cuadra del hostel al que nos vamos a mudar, alquiler de libros, películas y discos y 50% de descuento en entradas a los atractivos turísticos de los alrededores de la ciudad.
El pasado jueves, se combinaron los day off del chichi, el colo y mío; toco un hermoso día soleado y, viéndonos en la obligación de sacarle provecho a nuestra ciudadanía, viajamos 40 minutos en le grembling a ver de qué se trataba Waimangu.
En los meses que llevo viviendo en este increíble país, he conocido lugares deslumbrantes con paisajes bellísimos. Es más, se podría decir que el país en su totalidad se compone de ellos. Las colinas verdes, los bosques tropicales casi selváticos, los ríos, los lagos, las cascadas, las playas…todo ellos abundan y te rodean donde quiera que estés. Lo que no es tan fácil de encontrar, ni aquí ni en el resto del mundo es un valle volcánico, como Waimangu.
Perdido entre colinas y montañas, consiste en un trekking de 2 horas por le medio de la selva, que atraviesa 5 atractivos principales:
El primero es el lago Esmeralda. Un siglo y medio atrás, una devastadora explosión volcánica genero un gigantesco cráter sobre la cara de la montaña, que con los años fue llenándose de agua. Hoy en día es un bellísimo lago de agua fría, color verde esmeralda, contrastando con un intenso rojo ladrillo de un helecho llamado Azolla que se depositan sobre su superficie.
El segundo es un lugar único que creo no volveré a ver en mi vida. Es el lago de agua hirviendo más grande del mundo. No una pileta, no un estanque, sino un LAGO. Y no está solo emanando vapor por la diferencia de temperatura con el exterior, esta hirviendo, todo el lago en su totalidad (si si, viste que redundante que soy!”). Uno podría quedarse horas hipnotizado viendo el viento jugar con el vapor en semejante superficie, y escuchando el tenue pero interminable burbujear de las aguas. Un lugar con una energía muy fuerte, para los que creemos en estas cosas.
De aquí se sigue caminando sobre el margen de Nga Puia o te Papa (manantiales de agua caliente de la madre tierra), conjunto de manantiales de agua hirviendo que crea intrincadas y minuciosas formaciones de sílice con sorprendentes y vivos colores. Nunca en mi vida vi una explosión de colores de la naturaleza tan intensos como en este lugar. (ver fotos en facebook, no es lo mismo que estar ahí, pero puede darles una idea mejor que mis descripciones)
Luego se llega al “Inferno Crater”. Otro cráter generado por una antigua explosión volcánica. Este es mucho más pequeño que el primero, y se lleno con aguas termales y no de lluvia, motivo por el cual esta hirviendo. Los altos contenidos sílice en el vapor han cubierto por completo las verticales paredes de la montaña que lo contiene, dotándolas de un color blanco perfecto, que contrasta con un turquesa cristalino del agua termal. Una vez más, los colores, el vapor…inexplicable.
De aquí se continua entre los manantiales y la selva hasta una zona de pequeños geiser continuamente activos. Espectáculo interesante de ver.
Unos metros más allá de los geiser se llega a una lugar donde la variadísima flora perdió terreno frente a las altas temperaturas del suelo generándose una zona abierta, de grandes dimensiones donde el agua de los manantiales se expande y cae en terrazas de acumulación de sílice, de formas muy irregulares que incluyen estalactitas. Una vez más la explosión de colores: el blanco puro del sílice, el turquesa del agua, verdes, azules y rojos muy intensos de diversos tipos de primitivas algas, que sobreviven a las altas temperaturas.
Tras algunos minutos más de caminata donde se puede disfrutar de un variado avistamiento de aves, se llega al final del recorrido: El lago Rotomahana. Este es un gran lago, de agua fría, ya más parecido a los que hemos visto en este país anteriormente, con la particularidad que sobre el horizonte termina en el volcán Tarawera. Este volcán, al igual que todos los otros que rodean la zona, incluyendo las múltiples salientes de los volcanes que dan a los lagos que recorrimos y los senderos por los que caminamos, están en plena actividad y pueden hacer erupción en cualquier momento. Lo que lo hace a uno pensar, cuando está sentado contemplando el lago, como la naturaleza tiene el poder de crear, con el pasar del tiempo, tanta belleza y destruirla con una devastadora explosión de algunos minutos. Se imaginan si cayera un salpicón de lava ardiente en mi hermoso rostro?!
Bueno, estos han sido los acontecimientos del pasado mes. Sepan disculpar el retraso en la actualización del blog, pero la verdad es que las semanas se han sucedido unas a otras, empujándose atolondradamente como fichas de dominó donde cada una cae impulsada por la velocidad que traía la anterior y esta a su vez lleva a la caída de la próxima. Estamos viviendo un sueño, y en los sueños es difícil medir el tiempo. Lo que está por venir: un mes de (esperemos) mucho laburo y luego el clímax de este sueño, las vacaciones dentro de las vacaciones: ASIA.
Fabián es un pibe muy simpático. Es flaquito y chupado de cara, a pesar de que se mantiene alejado de los vicios. Tiene la risa fácil y un buen sentido del humor. Es un tipo despierto, y un poco nervioso a la hora de expresarse, característica que sospecho, surgen de toda una vida en capital. Eva es también muy alegre. Nacida y criada en Cañuelas es de espíritu más tranquilo, amigable y hasta si se quiere inocente.
“Acabamos de llegar de Tailandia, nos conocimos allá”. Dijo Fabián. Durante el resto de la noche Fabián y Eva pelaron contra la ansiedad para no entorpecerse el uno al otro en las anécdotas de su aventura. Tenían la excitación del que le acaba de ocurrir algo maravilloso, increíble, y necesita contárselo a alguien. Chichi y yo, esa noche, fuimos los agujeros de esa olla a presión. Fabián se imponía en la narración, pero todo el tiempo Eva lo corregía o completaba con detalles que en el afán de contar todo, Fabián se saltaba.
El hecho de encontrar del otro lado de la conversación, 4 oídos sumamente atentos y dos pares de ojos maravillados con tantas historias y descripciones de lugares exóticos y lejanos, alentaba sumamente a ambos, que siguieron hablando hasta que el pub cerró y nos invitaron a retirarnos.
Ya en la puerta del bar nos dijeron que tenían pensado quedarse un tiempo en Rotorua.
Intercambiamos números de celular y nos despedimos. Fría y silenciosa caminata hasta el auto de por medio empezamos a manejar de vuelta a casa. La idea de un viaje a Asia, siempre estuvo latente en el corazón, pero lejana en la realidad. Como las posibilidades de Racing de salir campeón. Pero en el relato de los chicos, no había nada de imposible, era solo una cuestión de actitud.
Yo manejaba en la vuelta a casa y rompí el silencio con un:
_ Che Guevon, cuando nos vamos a Asia?
_ No sé, pero quiero ir ya. jaja
_ Mañana vamos a internet y sacamos los pasajes para la primer semana de Octubre. Eso nos da tiempo para laburar casi dos meses más acá. Juntamos lo de los aéreos y unos 1800 que nos alcanza para vivir como reyes por dos meses allá, de arriba, sin laburar y viajando para todos lados.
Ya habíamos tenido conversaciones similares, pero siempre eran con el típico tono de sarcasmo con el que nos comunicábamos. Chichi que me conoce hace bastante, se dio cuenta que esta vez iba en serio. Y dijo:
_ Si! De una!
Con respecto al laburo, Chichi está muy bien con las horas que hace por semana en el hotel, casi 40. En mi caso, si bien el trabajo es muy relajado (pararse en la puerta del restaurant a charlar con la gente que pasa y convencerlos de que entren a comer, sin responsabilidad de plata ni lidiar entre los clientes y la cocina), estoy haciendo unas 20 o 25 horas a la semana. Con el trabajo de las mañana en el wwoofing cubrimos alojamiento y comida, por los que el dinero de esas 20 o 25 hs de laburo va casi en su totalidad a la cuenta de ahorro. De cualquier manera mientras más ahorremos acá, mas podemos reventarnos en Asia. Por lo que surgió la idea de dejar de trabajar las mañanas en el wwoofig y usar esas mañanas para buscar otro trabajo (o hacer más horas en el actual si se puede), arreglarse viviendo un mes en un lugar menos exclusivo del que estamos ahora y comiendo como el culo. Recordemos que en este wwoofing, a cambio de 4 horas de trabajo en la mañana, estamos viviendo en una mansión con vista al lago, y en casi un mes y medio que llevamos acá NUNCA repetimos una cena, todas ellas de puta madre.
Aquella noche después de una exquisita cena (paella), disfrutábamos una taza de café junto al fuego cuando le comentamos a Sally y Gerry de nuestras intenciones de viajar a Asia y por consecuente mudarnos. En este mes y medio viviendo y trabajando juntos se desarrollo un vinculo muy lindo entre ellos y nosotros, por lo que la noticia cayó como un balde de agua fría, no querían en lo mas mínimo que nos fuéramos, ya nos lo habían manifestado en el pasado, y en esta ocasión la expresión en sus rostros hablaba por sí misma. Fue entonces cuando a Gerry se le ocurrió la idea:
_ Que les parece si se mudan de la casa, pero se quedan a vivir en la caravan que está afuera. Es gigante, entran 8 personas, tiene heladera, frízer, microondas, horno, calefacción central, agua caliente, etc. En vez de trabajar a la mañana, les cobraríamos 50 dólares cada uno por semana, usan electricidad y agua de la casa y solo tienen que reponer la garrafa cuando se les acabe.
Recordemos que en un hostel, una habitación compartida entre 6 personas, por semana nos sale 120 por cabeza. La propuesta sonó fantástica. Teníamos las mañanas libres para trabajar y en alojamiento solo gastaríamos 50 mangos.
El eco del último martillazo resonó entre las colinas y el pasado domingo, tras cumplirse 38 días de wwoofing en casa de Gerry y Sally, ayudamos por última vez con el trabajo en el campo y nos mudamos a la caravan.
Como sucede tantas veces en la vida, del mundo de las ideas al de la realidad, las cosas se transforman. La caraban resultó ser muy fría, para colmo el día que nos mudamos comenzó una ola polar, que incluyo la primer nevada en Rotorua en los últimos 20 años. La calefacción funciona fantástico solo si esta prendida de forma continua, lo que se devora el gas de una garrafa en un día, y rellenarla sale unos $40 dólares, presupuesto fuera de nuestro alcance. Nos acordamos lo que era tener que cocinarse y preocuparse por ¿Qué como hoy?. A estos factores se le sumaron otros que venían latiendo desde abajo. Todos relacionados con muchas ganas de moverse a la ciudad. El campo es hermoso, pero ya hace un mes y medio que estamos acá. En ese mes y medio nos hicimos de un buen grupo de amigos, todos ellos viviendo en el centro. Y si bien el motor del grebmling es económico, en ir y volver todos los días hasta la urbe se va mas de un billete en combustible.
A través de un contacto con un amigo mexicano que está viviendo en un pequeño hostel familiero en pleno centro, es que conocimos a sus dueños. Una pareja de kiwis muy simpáticos y alegres. A él lo habíamos conocido el segundo día desde que llegamos a Rotorua, cuando se ofreció a pasarnos corriente con su camioneta, una helada y lluviosa noche de invierno que el grembling no quiso arrancar. Nos dijeron que les vendría muy bien personal de “housekeeping” para ayudar con la limpieza a la mañana.
_ Tendrían que trabajar 6 días a la semana, solo dos horas en la mañana. Generalmente es menos por que esta lento y la culo inquieto de mi mujer es la que se encarga de la limpieza.
_ Y nos podríamos venir este lunes?
_ Mira, en realidad los necesito de acá a dos semanas. Pero hagamos una cosa. ¿Cuánto están pagando donde duermen ahora?
_ $50 por semana cada uno.
_ Les dejo una habitación para ustedes a ese mismo precio por estas dos semanas, hasta que arranquen. Así se pueden venir este lunes para acá.
Apretón de manos y agradecimientos de por medio, se cerró el trato. El hostel no es de lo mejor, pero es agradable, cálido, la calefacción en las habitaciones esta al mango todo el día por lo que no más frío para estos wwoofers. Lo mejor es que queda a 2 cuadras de mi trabajo, a tres del de Chichi, a una del pig and whistle y a 4 del Polynesian Spa.
El Polynesian Spa, es un spa 5 estrellas, muy exclusivo. Cuenta con instalaciones hoteleras y un complejo termal de unas 8 piletas construidas todas sobre las horillas del lago (similar a Arapey en Uruguay para los que conocen, pero con las piletas mucho más cerca del agua, ya que al ser lago no corren riesgo de inundación como con el río en la tierra charrúa). Si bien es inaccesible en precio para mochileros lauchas como nosotros, no lo es para turistas acaudalados o para ciudadanos permanentes de Rotorua. Ciudadanía que se demuestra con un carnet de miembro de la biblioteca. Carnet que se obtiene al presentar un resumen de cuenta del banco con tu dirección en Rotorua. Resumen de cuenta que pedimos bajo la dirección de Sally y Gerry.
Tramites de por medio (que en conjunto nos llevaron menos de 30 minutos, caminando de un lugar a otro). Nos convertimos en ciudadanos de Rotorua y luego en flamantes miembros del Polinisian Spa, con acceso ilimitado a todas las piletas, durante un mes, por el módico precio de $40 dólares.
Pero el carnet de la biblioteca, contundente prueba de ciudadanía, sirve además para tener acceso ilimitado al wifi en las instalaciones de la biblioteca, situadas a media cuadra del hostel al que nos vamos a mudar, alquiler de libros, películas y discos y 50% de descuento en entradas a los atractivos turísticos de los alrededores de la ciudad.
El pasado jueves, se combinaron los day off del chichi, el colo y mío; toco un hermoso día soleado y, viéndonos en la obligación de sacarle provecho a nuestra ciudadanía, viajamos 40 minutos en le grembling a ver de qué se trataba Waimangu.
En los meses que llevo viviendo en este increíble país, he conocido lugares deslumbrantes con paisajes bellísimos. Es más, se podría decir que el país en su totalidad se compone de ellos. Las colinas verdes, los bosques tropicales casi selváticos, los ríos, los lagos, las cascadas, las playas…todo ellos abundan y te rodean donde quiera que estés. Lo que no es tan fácil de encontrar, ni aquí ni en el resto del mundo es un valle volcánico, como Waimangu.
Perdido entre colinas y montañas, consiste en un trekking de 2 horas por le medio de la selva, que atraviesa 5 atractivos principales:
El primero es el lago Esmeralda. Un siglo y medio atrás, una devastadora explosión volcánica genero un gigantesco cráter sobre la cara de la montaña, que con los años fue llenándose de agua. Hoy en día es un bellísimo lago de agua fría, color verde esmeralda, contrastando con un intenso rojo ladrillo de un helecho llamado Azolla que se depositan sobre su superficie.
El segundo es un lugar único que creo no volveré a ver en mi vida. Es el lago de agua hirviendo más grande del mundo. No una pileta, no un estanque, sino un LAGO. Y no está solo emanando vapor por la diferencia de temperatura con el exterior, esta hirviendo, todo el lago en su totalidad (si si, viste que redundante que soy!”). Uno podría quedarse horas hipnotizado viendo el viento jugar con el vapor en semejante superficie, y escuchando el tenue pero interminable burbujear de las aguas. Un lugar con una energía muy fuerte, para los que creemos en estas cosas.
De aquí se sigue caminando sobre el margen de Nga Puia o te Papa (manantiales de agua caliente de la madre tierra), conjunto de manantiales de agua hirviendo que crea intrincadas y minuciosas formaciones de sílice con sorprendentes y vivos colores. Nunca en mi vida vi una explosión de colores de la naturaleza tan intensos como en este lugar. (ver fotos en facebook, no es lo mismo que estar ahí, pero puede darles una idea mejor que mis descripciones)
Luego se llega al “Inferno Crater”. Otro cráter generado por una antigua explosión volcánica. Este es mucho más pequeño que el primero, y se lleno con aguas termales y no de lluvia, motivo por el cual esta hirviendo. Los altos contenidos sílice en el vapor han cubierto por completo las verticales paredes de la montaña que lo contiene, dotándolas de un color blanco perfecto, que contrasta con un turquesa cristalino del agua termal. Una vez más, los colores, el vapor…inexplicable.
De aquí se continua entre los manantiales y la selva hasta una zona de pequeños geiser continuamente activos. Espectáculo interesante de ver.
Unos metros más allá de los geiser se llega a una lugar donde la variadísima flora perdió terreno frente a las altas temperaturas del suelo generándose una zona abierta, de grandes dimensiones donde el agua de los manantiales se expande y cae en terrazas de acumulación de sílice, de formas muy irregulares que incluyen estalactitas. Una vez más la explosión de colores: el blanco puro del sílice, el turquesa del agua, verdes, azules y rojos muy intensos de diversos tipos de primitivas algas, que sobreviven a las altas temperaturas.
Tras algunos minutos más de caminata donde se puede disfrutar de un variado avistamiento de aves, se llega al final del recorrido: El lago Rotomahana. Este es un gran lago, de agua fría, ya más parecido a los que hemos visto en este país anteriormente, con la particularidad que sobre el horizonte termina en el volcán Tarawera. Este volcán, al igual que todos los otros que rodean la zona, incluyendo las múltiples salientes de los volcanes que dan a los lagos que recorrimos y los senderos por los que caminamos, están en plena actividad y pueden hacer erupción en cualquier momento. Lo que lo hace a uno pensar, cuando está sentado contemplando el lago, como la naturaleza tiene el poder de crear, con el pasar del tiempo, tanta belleza y destruirla con una devastadora explosión de algunos minutos. Se imaginan si cayera un salpicón de lava ardiente en mi hermoso rostro?!
Bueno, estos han sido los acontecimientos del pasado mes. Sepan disculpar el retraso en la actualización del blog, pero la verdad es que las semanas se han sucedido unas a otras, empujándose atolondradamente como fichas de dominó donde cada una cae impulsada por la velocidad que traía la anterior y esta a su vez lleva a la caída de la próxima. Estamos viviendo un sueño, y en los sueños es difícil medir el tiempo. Lo que está por venir: un mes de (esperemos) mucho laburo y luego el clímax de este sueño, las vacaciones dentro de las vacaciones: ASIA.
lunes, 18 de julio de 2011
hacer wwoofing puede ser una piha
Gerry se detuvo en seco. Su tosco semblante escocés pareció congelarse, con la mente ocupada en mil pensamientos pero la mirada fijamente clavada en mi. Yo aceleré la relajada velocidad con la que ambos estábamos cargando leña al camión, asumiendo que su actitud era una especie de hostigamiento a que me apresurara a terminar la tarea. Me pareció extraño, ya que aquí en el campo el trabajo es constante pero distendido y tanto Gerry como su esposa Sally son amables, simpáticos y viven una vida alegre y despreocupada, aunque siempre tengan algo por hacer.
_ Te envido. – Dijo de repente Gerry como volviendo al mundo de los hechos.
Yo, seguro de haber escuchado mal, exclamé.
_ ¿Perdón?
_ Eso, que te envido.
Ya seguro de las palabras de Gerry, ahora no sabía si estaba hablando en serio o no. En los 4 días que lo conozco, ha demostrado ser una persona que maneja bastante bien el sarcasmo. Me llevaría una gran sorpresa al darme cuenta que estaba hablando muy en serio…
Dos semanas atrás:
Como nos habíamos puesto en marcha con la primera luz del sol, estábamos llegando muy temprano a Auckland, ciudad donde se encontraba nuestro próximo anfitrión de wwoof. Así que decidimos desviarnos 30 km a la costa Oeste de Nueva Zelanda a conocer la que según los locales es una de las playas más hermosas del país.
Llegamos a Piha (recordemos que en ingles la H se pronuncia como J) alrededor de las 11am. En algún lugar dentro nuestro estábamos deseando que la playa fuese horrible, solo para poder hacer el chiste obvio: esta playa es una poronga!O que estuviese lejos de todo, así podríamos decir: esta playa queda cerca de la loma del orto. No fue así. Piha es una playa bellísima de largas extensiones de arena negro azabache, compuestas casi en su totalidad de hierro puro. Pero esta no es la característica que la hace única, ya que debido a la actividad volcánica muchas otras playas de esta isla se componen de esta peculiar arena. Lo que la hace interesante y bella son gigantescas masas rocosas que surgen en el medio de la playa y se elevan (algunas de ellas) hasta más de 10 pisos de altura con muy pronunciadas pendientes, que en algunos casos superan la perpendicularidad, ascendiendo en ángulo negativo con respecto al suelo, al mar o a ambos.
Allí almorzamos, caminamos, sacamos fotos. Disfrutando el último día soleado de una hermosa semana, a la cual le seguirían 12 días de lluvia y tormenta. Volvimos al auto y manejamos media hora hasta llegar a Auckland, a la casa de Gabrielle, nuestro segundo wwoof.
Gabrielle es una maestra de arte retirada. Vive sola en una casa a las afueras de Auckalnd. A los 71 años, viuda, su única preocupación es su gigantesco y frondoso jardín. El mismo lo mantiene en buenas condiciones gracias a la explotación constante de wwoofers, que hace trabajar unas increíbles 4 horas y media a cambio de un mediocre alojamiento en el subsuelo de su casa y una falsa promesa de deliciosos manjares.
El exquisito café de filtro fresco, recién molido, cortado con leche de cabra recién ordeñada, acompañado de tostadas de pan casero con mermeladas caseras del wwoofing anterior se vio reemplazado por café instantáneo con pan de última, sin mermelada. Luego de un pobre desayuno a las apuradas comenzar a trabajar en un riguroso e inflexible horario bajo el bastón esclavizador de la vieja del orto.
El verdadero motivo de nuestra parada en Auckland, eran los tramites que teníamos que hacer. Desgraciadamente llegamos un viernes. Por lo que tuvimos que soportar todo el fin de semana en la casa de Gabrielle. Por supuesto ni bien fue lunes, fuimos al centro, cambiamos los pasajes de vuelta a Argentina, le pusimos seguro al auto y recolectamos vieja correspondencia que teníamos en el hostel que nos habíamos hospedado hace ya más de dos meses. Hecho todo lo que teníamos que hacer, le dijimos adiós a la vieja y nos fuimos.
Mientras dejábamos Auckland por la autopista, pensaba que tal vez la vieja no era siempre malhumorada; y quizás solo necesitaba una buena ida a la playa.
El próximo wwoof fue elegido a las apuradas, en el afán de escapar lo antes posible de Auckland. De cualquier manera prometía mucho, en internet se anunciaba: “The Gorila Hut, un lugar paradisiaco, para encontrarse con uno mismo y descansar. Muchas actividades para hacer en los alrededores, el lugar perfecto para unas buenas vacaciones. Al llegar solo preguntar por Dan”.
Dejamos la ruta principal y nos adentramos al interior profundo neozelandés, treinta kilómetros por calle pavimentada y otros diez por calle de tierra. Ambos caminos totalmente desiertos.
Finalmente llegamos. Un paraje perdido en el medio de un sórdido desierto. Ni casas, ni arboles, ni colinas, ni ríos, ni playas. Llanura de pastos secos 360 grados alrededor; en el centro una construcción de ladrillo en muy mal estado, un taller con techo de chapa oxidada adosado a la misma y unos metros más allá un tráiler de también de chapa que alguna vez fue blanca, hoy en día predominaba el color oxido. Autos viejos, corroídos y abollados apilados aquí y allá, con otras tantas montañas de neumáticos y chatarra por doquier. Un perro viejo y flaco dormía tirado al frente del portón del taller; sobre el mismo un cartel anunciaba: “The Gorila Hut”. Por éste portón salió caminando un extraño personaje refregándose las manos con un trapo, perturbado seguramente por el ruido de nuestra llegada. Era gordo, alto y viejo. De larga y rala barba pelirroja y canosa, vestía un overol azul oscuro repleto de manchas de grasa y aceite. Mientras se refregaba las manos en un trapo, saludó con un ademan a la distancia y gritó: “Hey! Dan salió, vuelve en una hora, pero pónganse cómodos, su habitación va a ser el tráiler blanco!”.
El gremblin salió arando en segunda, levantando polvo. Mientras huíamos el perro se levanto y nos siguió unos metros con una expresión que parecía decir: “muchachos por favor llévenme con ustedes”; lo sentimos…pero el gremblin solo tiene lugar para mochileras alemanas que estén haciendo dedo en la ruta.
Manejamos por una hora y media, decepcionados. Los últimos dos wwoofing después del de Julia y Chris, habían resultado desastrosos. Como dice el dicho: “lo malo de la primer experiencia, es que solo hay una”. Ya atardecía cuando llegamos a Rotorua, buscamos un hostel y pagamos por adelantado las siguientes 2 noches.
Fundada sobre los márgenes del lago Rotorua, es una ciudad sumamente turística; como tal, cuida mucho los detalles estéticos y tiene una enorme cantidad de diferentes actividades para hacer en los alrededores. Posee varias plazas y parques con fuentes naturales de aguas termales, emanando vapor las 24horas del día entre las casas de sus 50 mil habitantes. Es, según los parámetros neozelandeses, una ciudad grande.
Debido al mal clima, no pudimos recorrer las bellezas naturales ni pagar por las actividades artificiales que tiene para ofrecer la ciudad; pero si pudimos dedicar un buen tiempo a la búsqueda de nuestro siguiente wwoofing y así el destino nos fue llevando a terminar en la casa de Gerry y Sali.
Gerry y Sali tienen una enorme y bellísima casa construida sobre una colina a 15 minutos del centro de Rotorua. La casa tiene cuatro habitaciones, dos baños, salada de estar con estufa a leña, gran garaje donde estacionan tres camionetas y un auto, y un gigantesco living con una extensa pared de vidrio que apuntan en su totalidad al lago. Un balcón de unos 3 metros de ancho cubre dos de las 4 caras de la casa y se extiende hasta alcanzar casi 5 metros, flotando, en la cara que continua al living. Ella es reflexóloga, el es osteópata y apicultor. Son eximios cocineros los dos, y no limitan sus platos a comida de un solo origen, viajando por el mundo han exportado recetas de múltiples países y regiones, y las aplican a diario en su cocina. Dedican sus ratos libres a trabajar su jardín, cocinar o relajarse viendo una película en la sala de estar equipada con cañón y home theatre. Son felices, simpáticos, trabajadores, buenas personas, aman sus profesiones y tienen un buen pasar económico.
Ayer:
_ Vos me envidias a mi? Le contesté sorprendido.
_ Si. Yo puedo tener una gran casa, varios autos, una adorable esposa. Pero las posesiones no son más que cadenas, cadenas rematadas en grilletes, que te privan de todo tipo de libertad, y reducen tu mundo a este maravilloso calabozo que se vuelve cada día más pequeño con el pasar de los años y la rutina. Vos sos joven, capaz, entusiasta, emprendedor, soltero. Podrás no tener plata, auto o casa. Pero nada ni nadie te puede impedir hacer lo que tengas ganas de hacer en el momento que lo quieras hacer y eso es envidiable.
Me quede perplejo. Podía esperar eso de cualquier persona menos de él. Nunca hasta entonces había demostrado ser una persona con una visión tan oscura. Sino que todo lo contrario. Le conteste:
_ Si, es cierto. Disfruto mucho de la libertad que tengo en este momento. Pero estoy más que dispuesto a, en algún momento de mi vida, sacrificar parte de la misma por tener algunas de las cosas que vos tenés: un hogar, una familia…son cosas que algún día quisiera tener.
_ Creeme, no es lo que queres.
Esto último lo dijo con una sonrisa en los labios, intentado quitarle seriedad a la conversación. Luego seguimos conversando de otros asuntos y cuando no hubo más leña por cargar, volvimos a la casa a prepararnos para la cena.
Creo que mal que bien, charlas como esta son enriquecedoras de este viaje, diferentes puntos de vista de una misma realidad. Por ahora nos sentimos muy cómodos en este lugar y con estas persona; y ellos a su vez están cómodos con nosotros. Rotorua parece un buen lugar para establecerse, aunque el plan inicial era seguir bajando hasta Wellington. Ya incluso nos hicimos un par de amigos en el hotel: un mexicano, un argento y dos chilenas. En los días venideros veremos si aparece algún trabajo que nos permita mudarnos a una casa propia y empezar a ahorrar unos mangos, mientras tanto seguiré escribiendo el blog desde lo alto de esta colina, alternado la mirada entre la pantalla de la notebook, el lago en el horizonte y el fuego de la estufa.
_ Te envido. – Dijo de repente Gerry como volviendo al mundo de los hechos.
Yo, seguro de haber escuchado mal, exclamé.
_ ¿Perdón?
_ Eso, que te envido.
Ya seguro de las palabras de Gerry, ahora no sabía si estaba hablando en serio o no. En los 4 días que lo conozco, ha demostrado ser una persona que maneja bastante bien el sarcasmo. Me llevaría una gran sorpresa al darme cuenta que estaba hablando muy en serio…
Dos semanas atrás:
Como nos habíamos puesto en marcha con la primera luz del sol, estábamos llegando muy temprano a Auckland, ciudad donde se encontraba nuestro próximo anfitrión de wwoof. Así que decidimos desviarnos 30 km a la costa Oeste de Nueva Zelanda a conocer la que según los locales es una de las playas más hermosas del país.
Llegamos a Piha (recordemos que en ingles la H se pronuncia como J) alrededor de las 11am. En algún lugar dentro nuestro estábamos deseando que la playa fuese horrible, solo para poder hacer el chiste obvio: esta playa es una poronga!O que estuviese lejos de todo, así podríamos decir: esta playa queda cerca de la loma del orto. No fue así. Piha es una playa bellísima de largas extensiones de arena negro azabache, compuestas casi en su totalidad de hierro puro. Pero esta no es la característica que la hace única, ya que debido a la actividad volcánica muchas otras playas de esta isla se componen de esta peculiar arena. Lo que la hace interesante y bella son gigantescas masas rocosas que surgen en el medio de la playa y se elevan (algunas de ellas) hasta más de 10 pisos de altura con muy pronunciadas pendientes, que en algunos casos superan la perpendicularidad, ascendiendo en ángulo negativo con respecto al suelo, al mar o a ambos.
Allí almorzamos, caminamos, sacamos fotos. Disfrutando el último día soleado de una hermosa semana, a la cual le seguirían 12 días de lluvia y tormenta. Volvimos al auto y manejamos media hora hasta llegar a Auckland, a la casa de Gabrielle, nuestro segundo wwoof.
Gabrielle es una maestra de arte retirada. Vive sola en una casa a las afueras de Auckalnd. A los 71 años, viuda, su única preocupación es su gigantesco y frondoso jardín. El mismo lo mantiene en buenas condiciones gracias a la explotación constante de wwoofers, que hace trabajar unas increíbles 4 horas y media a cambio de un mediocre alojamiento en el subsuelo de su casa y una falsa promesa de deliciosos manjares.
El exquisito café de filtro fresco, recién molido, cortado con leche de cabra recién ordeñada, acompañado de tostadas de pan casero con mermeladas caseras del wwoofing anterior se vio reemplazado por café instantáneo con pan de última, sin mermelada. Luego de un pobre desayuno a las apuradas comenzar a trabajar en un riguroso e inflexible horario bajo el bastón esclavizador de la vieja del orto.
El verdadero motivo de nuestra parada en Auckland, eran los tramites que teníamos que hacer. Desgraciadamente llegamos un viernes. Por lo que tuvimos que soportar todo el fin de semana en la casa de Gabrielle. Por supuesto ni bien fue lunes, fuimos al centro, cambiamos los pasajes de vuelta a Argentina, le pusimos seguro al auto y recolectamos vieja correspondencia que teníamos en el hostel que nos habíamos hospedado hace ya más de dos meses. Hecho todo lo que teníamos que hacer, le dijimos adiós a la vieja y nos fuimos.
Mientras dejábamos Auckland por la autopista, pensaba que tal vez la vieja no era siempre malhumorada; y quizás solo necesitaba una buena ida a la playa.
El próximo wwoof fue elegido a las apuradas, en el afán de escapar lo antes posible de Auckland. De cualquier manera prometía mucho, en internet se anunciaba: “The Gorila Hut, un lugar paradisiaco, para encontrarse con uno mismo y descansar. Muchas actividades para hacer en los alrededores, el lugar perfecto para unas buenas vacaciones. Al llegar solo preguntar por Dan”.
Dejamos la ruta principal y nos adentramos al interior profundo neozelandés, treinta kilómetros por calle pavimentada y otros diez por calle de tierra. Ambos caminos totalmente desiertos.
Finalmente llegamos. Un paraje perdido en el medio de un sórdido desierto. Ni casas, ni arboles, ni colinas, ni ríos, ni playas. Llanura de pastos secos 360 grados alrededor; en el centro una construcción de ladrillo en muy mal estado, un taller con techo de chapa oxidada adosado a la misma y unos metros más allá un tráiler de también de chapa que alguna vez fue blanca, hoy en día predominaba el color oxido. Autos viejos, corroídos y abollados apilados aquí y allá, con otras tantas montañas de neumáticos y chatarra por doquier. Un perro viejo y flaco dormía tirado al frente del portón del taller; sobre el mismo un cartel anunciaba: “The Gorila Hut”. Por éste portón salió caminando un extraño personaje refregándose las manos con un trapo, perturbado seguramente por el ruido de nuestra llegada. Era gordo, alto y viejo. De larga y rala barba pelirroja y canosa, vestía un overol azul oscuro repleto de manchas de grasa y aceite. Mientras se refregaba las manos en un trapo, saludó con un ademan a la distancia y gritó: “Hey! Dan salió, vuelve en una hora, pero pónganse cómodos, su habitación va a ser el tráiler blanco!”.
El gremblin salió arando en segunda, levantando polvo. Mientras huíamos el perro se levanto y nos siguió unos metros con una expresión que parecía decir: “muchachos por favor llévenme con ustedes”; lo sentimos…pero el gremblin solo tiene lugar para mochileras alemanas que estén haciendo dedo en la ruta.
Manejamos por una hora y media, decepcionados. Los últimos dos wwoofing después del de Julia y Chris, habían resultado desastrosos. Como dice el dicho: “lo malo de la primer experiencia, es que solo hay una”. Ya atardecía cuando llegamos a Rotorua, buscamos un hostel y pagamos por adelantado las siguientes 2 noches.
Fundada sobre los márgenes del lago Rotorua, es una ciudad sumamente turística; como tal, cuida mucho los detalles estéticos y tiene una enorme cantidad de diferentes actividades para hacer en los alrededores. Posee varias plazas y parques con fuentes naturales de aguas termales, emanando vapor las 24horas del día entre las casas de sus 50 mil habitantes. Es, según los parámetros neozelandeses, una ciudad grande.
Debido al mal clima, no pudimos recorrer las bellezas naturales ni pagar por las actividades artificiales que tiene para ofrecer la ciudad; pero si pudimos dedicar un buen tiempo a la búsqueda de nuestro siguiente wwoofing y así el destino nos fue llevando a terminar en la casa de Gerry y Sali.
Gerry y Sali tienen una enorme y bellísima casa construida sobre una colina a 15 minutos del centro de Rotorua. La casa tiene cuatro habitaciones, dos baños, salada de estar con estufa a leña, gran garaje donde estacionan tres camionetas y un auto, y un gigantesco living con una extensa pared de vidrio que apuntan en su totalidad al lago. Un balcón de unos 3 metros de ancho cubre dos de las 4 caras de la casa y se extiende hasta alcanzar casi 5 metros, flotando, en la cara que continua al living. Ella es reflexóloga, el es osteópata y apicultor. Son eximios cocineros los dos, y no limitan sus platos a comida de un solo origen, viajando por el mundo han exportado recetas de múltiples países y regiones, y las aplican a diario en su cocina. Dedican sus ratos libres a trabajar su jardín, cocinar o relajarse viendo una película en la sala de estar equipada con cañón y home theatre. Son felices, simpáticos, trabajadores, buenas personas, aman sus profesiones y tienen un buen pasar económico.
Ayer:
_ Vos me envidias a mi? Le contesté sorprendido.
_ Si. Yo puedo tener una gran casa, varios autos, una adorable esposa. Pero las posesiones no son más que cadenas, cadenas rematadas en grilletes, que te privan de todo tipo de libertad, y reducen tu mundo a este maravilloso calabozo que se vuelve cada día más pequeño con el pasar de los años y la rutina. Vos sos joven, capaz, entusiasta, emprendedor, soltero. Podrás no tener plata, auto o casa. Pero nada ni nadie te puede impedir hacer lo que tengas ganas de hacer en el momento que lo quieras hacer y eso es envidiable.
Me quede perplejo. Podía esperar eso de cualquier persona menos de él. Nunca hasta entonces había demostrado ser una persona con una visión tan oscura. Sino que todo lo contrario. Le conteste:
_ Si, es cierto. Disfruto mucho de la libertad que tengo en este momento. Pero estoy más que dispuesto a, en algún momento de mi vida, sacrificar parte de la misma por tener algunas de las cosas que vos tenés: un hogar, una familia…son cosas que algún día quisiera tener.
_ Creeme, no es lo que queres.
Esto último lo dijo con una sonrisa en los labios, intentado quitarle seriedad a la conversación. Luego seguimos conversando de otros asuntos y cuando no hubo más leña por cargar, volvimos a la casa a prepararnos para la cena.
Creo que mal que bien, charlas como esta son enriquecedoras de este viaje, diferentes puntos de vista de una misma realidad. Por ahora nos sentimos muy cómodos en este lugar y con estas persona; y ellos a su vez están cómodos con nosotros. Rotorua parece un buen lugar para establecerse, aunque el plan inicial era seguir bajando hasta Wellington. Ya incluso nos hicimos un par de amigos en el hotel: un mexicano, un argento y dos chilenas. En los días venideros veremos si aparece algún trabajo que nos permita mudarnos a una casa propia y empezar a ahorrar unos mangos, mientras tanto seguiré escribiendo el blog desde lo alto de esta colina, alternado la mirada entre la pantalla de la notebook, el lago en el horizonte y el fuego de la estufa.
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